domingo, 15 de junio de 2008



Incansables renovadores

Siempre fuimos, un poco,
amantes de lo casual.
Quebrantar las líneas rectas de la rutina
era nuestro juego predilecto,
nuestro pasaporte a lo insólito.
Nada nos era igual o semejante,
ni siquiera las luces o el color
Eramos un trompo
girando enloquecido
a un costado del mundo
Ibamos de una sensación a otra
como la abeja salta de flor en flor
Eternos navegantes del misterio,
vegetábamos en una confusión
de cosas nuevas
que se volvían viejas
ni bien nos eran conocidas
Hasta que un día
nos miramos de forma diferente
y descubrimos que nuestras caras
de tan vistas
eran ya sinónimo de costumbre
Fue seguramente una sorpresa
el atraparnos pensando
(nosotros, incansables renovadores)
qué maravilloso hábito
éramos el uno para el otro.
Y fuimos
la primer cosa vieja y perdurable
que nos permitimos

MIR

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