viernes, 4 de enero de 2019

AHORCÁNDOME. por Mir Rodríguez Corderí


Probablemente hubiera sido más sencillo si la soga pasara por la cintura y subiera luego por los costados del cuerpo hasta dar dos vueltas en el cuello.

Pero no se le ocurrió en ese momento.

La falacia llevó a que se bamboleara bastante hasta llegar a sentir algo de sofocación y la garganta comenzara a  percibir que el aire se iba yendo.

El dolor del esparto quemando casi la piel del cuello fue más fuerte que el agobio o el ahogo.

Hoy no era buen día para asfixiarse -pensó con angustia-

jueves, 3 de enero de 2019

ISMAEL. Por Mir Rodríguez Corderí

 
 
Ismael callaba.
Su voz se perdía.
Su letra no estaba.
Dicen que  mentía.
Ismael
¿Lo hacía por él?
¿o por la linda dama?
¡Qué incógnita rara
para ese tipo de hombre
que solo con su nombre
genera tal borrasca!.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Todo llega a su fin. Mir Rodríguez Corderí


Eduardo dio un respingo en el sillón de su escritorio cuando pensó que “todo llega a su fin”.

No imaginó en ningún momento previo que llegaría a sentir tamaña conmoción por la ausencia de la susodicha.

Sin embargo, los pensamientos vivaces y díscolos, los escalofríos con 30°C, los cambios inexplicables de ánimo, la profunda sensación de vacío, de desubicación en espacio y tiempo, lo acababan de convertir en un gran signo de interrogación para sí mismo.

Todo había empezado suavemente, como deslizándose por una duna, o por un tobogán de agua.

La sorpresa de tener tantas cosas en común fue un importante aderezo.

Pero esa turbulencia… esa forma de neurosis obsesiva que lo fue asaltando, insistiendo en verla, en tener una foto actual de ella, fueron minando la relación, sin que ninguno de ambos deseara  que eso ocurriera.

Recordó –con una breve sonrisa—que la primer causal esgrimida por ella fue la diferencia de edades, pero él aseguró que le gustaban las mujeres mayores y creyó que con ello había dejado zanjado el tema.

Se dedicó a leer todo lo que pudiera en el blog de ella y lo subyugó su forma de escribir.

Era una rara avis y a él desde siempre lo deslumbró acceder a personas con un intelecto bien formado, una fineza casi aristocrática y ese no sé qué de desparpajo juvenil que ella usó con él con tanta maestría.

No obstante y casi sin poder contenerse, siguió por la línea escabrosa de trato que había elegido, aun dándose cuenta que ella se sentía cada vez más disuadida a romper toda comunicación.

Una suerte de competencia larvada lo embargó totalmente.
Eduardo tenía que ser mejor que los que la habían pretendido y eso era prácticamente imposible y él lo sabía.
Quizá por esa razón se dedicó a cuestionarla, hacerla objeto de sornas varias y dejarla colgada cuando ella lo buscaba.

Cuando terminó de decepcionarla, con la última estocada, la bloqueó en su whatsapp y bajó a la ceremonia del luto sin entender completamente por qué lo hacía si el dolor le escocía  el pecho y le dificultaba la respiración.

Cosas que pasan, se decía.

Pero el nudo seguía ahí, apretando al fracaso en su último intento de comprensión.
 
Es verdad -pensó- todo llega a su fin.