domingo, 16 de junio de 2013

A alguien que me sabe


1 comentario:

Pedro Alejandro Iñigo dijo...

No siempre, ¡ay! casi nunca podemos hacer que nuestros sueños se conviertan en diamantes pulidos. Es preciso disfrutas, sorber, degustar cada instante con la mente puesta en que un instante después ya no tendremos a mano nuestra meta, pero queda la memoria que no es más que la foto que la abuela guardaba en su caja de zapatos y sacaba para llorar a su imposibilidad cada noche de insomnio.