martes, 18 de junio de 2013

La vida tiene estas cosas




Estoy segura que a solas
Cuando la lluvia te asalta
Ves algo azul
O abres un libro
Piensas en mí, aún sin quererlo.
La vida tiene estas cosas.
Ya ves qué poco hace falta
Para invadir de improviso
La intimidad de tu cuerpo.
Yo estoy ahí, no lo dudes.
En cada puerto que tocas
Yo tengo anclada mi barca
Para correr a tu encuentro.
Me has de sentir cuando busques
La soledad de una playa.
Cuando un poema te robe
Un pedacito de tiempo.
Cuando en tu hogar te refugies
Para evadirte en tus discos.
Y así tendré, cuando menos,
Algún lugar en tus horas
Aunque te encuentres muy lejos.
Mas no te inquietes
Sólo el momento que escojas
Me acercará a tu silencio.
Es que, ya sabes, a veces
La vida tiene estas cosas
Si no es olvido, es recuerdo

Mir Rodríguez Corderí

No corras que es en vano



Por más que te preocupes
No se verá más corto
tu camino
Mañana es todavía
muy temprano
Y hoy –qué desatino –
Es demasiado tarde.
No corras
que es en vano.
La noche sigue al día
Así está escrito


Mir Rodríguez Corderí

Mirar al cielo







Iba pensando cuánto hacía
Que no me daba tiempo para esto:
Mirar el cielo gris de hoy a las 5.
Que hace tanto que ya no  sé en qué día
Me regalé un poema, una alegría
Un sueño que oficiara de remanso.
Tomé entre mis manos un descanso
Tan breve  como fue mi rebeldía.
Anduve las veredas de la tarde.
Cuánto tiempo  - iba pensando -
Que no miraba al cielo y sonreía

Mir Rodríguez Corderí

Rubio agreste este sol





Rubio agreste este sol.
Tengo enferma de fiebre la carne
y mis pensamientos
hacen acto de presencia tan sólo.
Me dejaria caer,
pala en mano,
para revisar el horizonte,
pero sentiría 
a través de la piel
la sed de la tierra.
Es verdad que fueron mucho
la abulia y la falta de alguien.
Otro tanto un cuarto de tarea menos
Lo cierto es que aquí estoy
y que en cuanto acabo
el regreso me lleva hasta él
que es como decir
rancho, sopa, dos brazos fuertes.
Me dejaría caer,
son cual lenguas de fuego
que me lamen entera.

No sabía de palas yo antes
Ese dia, su primera sonrisa,
fue por la flor silvestre
que ofició de anillo.
A veces quisiera el anular florido
para verlo sonreir de nuevo.
Al fin y al cabo,
quizá la felicidad sea esto:
anhelar la puesta
para volver a ver
en qué forma sus manos morenas
desmigajan el pan.

No sirvió de nada
extender primero el trapo,
palpita debajo,
seca, brasa, aguardando,
pero viva.
Después de todo
ya casi termino
y no es cosa de tontos
ponerse a pensar,
cada tanto,
con el rostro enfrentado al cielo.


Mir Rodríguez Corderí

Una nación de dos recién nacida

Quizás porque sin darnos cuenta
hemos desertado de las formas.
Nos ha sobrevenido un tiempo 
sin relojes,
un mundo donde la ausencia del otro
es casi un imposible.
Aún a la distancia
nos seguimos siendo.
Es como si un duende caprichoso
nos hubiera convertido
en un solo impulso amorfo
donde tus límites
se confunden con los míos.
Y somos así
una nación de dos recién nacida
con nuestro propio idioma
plagado de silencios abismales
cuando no estamos juntos.

Mir Rodríguez Corderí

Más que un verso clandestino




Soy esa voz triste
que te llama en silencio
Esa mano abierta a tu ausencia
que no sabe de tu piel
Esa mirada que insiste
en grabarte por dentro
Soy anónima urgencia
de tenerte,
de ser más que una sonrisa,
un saludo, un momento,
un rostro repetido.
Soy trémula caricia
esperando tu cuerpo,
una torre de sueños
para llevar tu nombre.
Y soy más que lo incierto
de un verso clandestino:
soy senda de mujer
para tus pasos de hombre
Por eso, tú lo entiendes,
es otoño y te escribo.

Mir Rodríguez Corderí

Certidumbre que un cuerpo es magia




Certidumbre que un cuerpo es más que un cuerpo.
Más que una sinuosidad, a veces suave,
que se puede descender despaciosamente
como a las dunas.
Más que una madeja de latidos
que se puede enredar y desenredar
bajo el tono dúctil de las pasiones
Y aún más que la huella voluble
del perfume de una piel
que las caricias erizan,
irritan o apaciguan
durante la curva del deseo.
Certidumbre que un cuerpo es también un nombre,
que se susurra a la distancia
con algo de nostalgia.
Una sucesión de momentos que la memoria
no se cansa de revivir.
Que es vocación de permanencia
que hace que la palabra siempre peque de insuficiente.
Que es por sobre todo magia

Mir Rodríguez Corderí

lunes, 17 de junio de 2013

Visitas sorpresivas

Autora: Mir Rodríguez Corderi




Me visitaron hoy las alabanzas..
Creí olvidar por un instante
el rincón de sombras 
al que me condenaron
un par de envidias
y algunas intolerancias.
 
En silencio,
arremolinaron espejos
frente a mis méritos.
Me palmearon la espalda
con frases almibaradas 
y se fueron dejando tras de sí
una pequeña luz encendida.
Algo atontada aún
por tanto alboroto sorpresivo
recogí mis pasadas angustias
que -vaya yo a saber cómo-
se me habían caído.

A la altura de mi frente,
unos pasos más allá,
tintineaba una luz
como un tímido día que despierta.

Protocolo del olvido

Autora: Mir Rodríguez Corderí




Ya ves,
no pudimos nacernos.
El tiempo se nos quebró en abismo
y el principio,
esa posibilidad de ser,
se nos quedó en raíz subterránea.
 Debiéramos vestirnos de congoja
como quien baja hacia el luto.
Pero nosotros ¿qué hemos perdido?
Si hasta eso se nos ha negado:
el breve protocolo del olvido.

Ya ves,
nos ha quedado tan entero el tiempo,
tan sin alguna interrupción
que nos hiciera compartir segundos,
que su lisa y brillante superficie
nos va a servir de espejo
para mirarnos
el rostro del no haber sido.

Opciones.

Autora: Mir Rodríguez Corderí






Si vivir es optar
desde su máxima expresión vivir-morir,
tan sartriana,
hasta la multiplicidad al infinito de las opciones.
Si vivir es aceptación y rechazo
polarizados en la elección.
Si vivir es todo eso
tan complejo
y al mismo tiempo algo tan simple
como ver amanecer una vez más.
Entonces, 
vivir es optarte, es aceptarte, es rechazarte,
es amanecerte.
Por momentos pierdo el timón y naufrago.
Me siento tan pequeña
en medio de tanto océano castaño de tus ojos.
Por momentos....
Herida de dualidad
Sin norte ni sur.
Le temo a tu aire ausente
tanto como tiemblo ante tu presencia avasallante.
Ando huyendo de tus pequeñas ironías
que me dejan siempre inerme.
Ando buscando esa otra imagen tuya 
que, a veces,
puedo vislumbrar en tus poemas.
Al amparo de la cósmica perfección
que culmina en mi costado plutoniano
cuando anochece y te ubico a mi lado
con el solo subterfugio de leerte,
te perfumo con algas marinas
y esperas ingentes.
El círculo chino
Inescindible.