miércoles, 7 de abril de 2010

ALGO DE VIDA O MUERTE





Mir Rodríguez Corderí



Iba caminando por un sendero estrecho, lleno de lianas, matas y arbustos espinosos. No era selva, ni bosque ni monte. Quizás una rara mezcla de los tres.

Por la luz, debían ser las 6 de la mañana, esa hora en la que todo tiene una pátina de neblina azulada.
Falta que aparezca un Ikran para que aprenda a domarlo y me convierta en na´vi, pensó Elena que había visto Avatar un par de semanas atrás y que desde ahí venía fantaseando con volar sobre esas aves fabulosas convertida en una criatura ¾  humana ¼  felina,  de piel azul y ojos increíblemente grandes, redondos y dorados.
Se sintió súbitamente fatigada y decidió sentarse en un promontorio de rocas.
Aspiró profusamente el aire, gozando de esa sensación de ser libre en plena naturaleza, cosa que por su trabajo no podía repetir tanto como quisiera.

Sabía que en el fondo de su mente, camuflado, escondido, estaba ese presentimiento que venía acosándola desde las últimas fiestas de fin de año, justo un poco antes de terminar su relación con Eduardo…esa mezcla rara de alerta, expectativa, ilusión que la embargaba de pronto, como preanunciando un cambio rotundo en su vida, un punto final y comienzo de cero.

Estaba acostumbrada a tener grandes hitos en su existencia, jalones generalmente formados por fracasos sentimentales y éxitos laborales.

Se puso nuevamente de pie y comenzó a caminar con mucha rapidez. Un extraño escozor simultáneo a un  pinchazo agudo le avisó que algo sucedía en su pie derecho, mejor dicho en su tobillo o un poco más arriba.

No podía detenerse porque esa insólita urgencia la llevaba casi a correr. Sabía que buscaba algo con premura pero no sabía qué.  Algo importante… como si fuera de vida o muerte.

Delante había un claro. Cuando llegó a él, todo el suelo estaba lleno de serpientes. Un inmenso asco le revolvió el estómago previo a  que el terror le secara la garganta y le humedeciera toda la piel con un sudor frío y brusco.

Lo único que me faltaba - susurró - un ataque de pánico y yo sin las pastillas.

Son descomunales - pensó - deben ser más largas que yo.
Podía visualizar 3, dos de color verde amarillento y una gris metalizado. Elena comprobó que el terror la paralizaba.

Se sintió tan inerme e indefensa como jamás en toda su vida. Ella, tan valiente, más bien tirando a  temeraria, tan arrojada, atrevida, combativa. Su madre siempre le decía que parecía un varoncito en vez de una niñita, porque se subía a los árboles o quemaba vivas a las lombrices que juntaba en un frasco de vidrio hundiendo sus propias manos en la tierra, embarrándose de la cabeza a los pies. Siempre al filo del peligro. Siempre tan arriesgada.

Cuando pensó que estaba al borde de su propia muerte las fuerzas regresaron a sus piernas, pudo percibir cómo sus gemelos y el bíceps femoral se tensaban y dio un salto hacia atrás tan largo como pudo.

Simultáneamente, vio cómo dos de las serpientes salían precipitadamente  a campo traversa, desapareciendo de su vista.

La ligereza de los animales la sorprendió, ¡parecían cabalgar!,

Retornó la mirada inmediatamente adonde había quedado la tercera pero, para su sorpresa, no había nada allí. Poco a poco la respiración se fue normalizando y pensó en sentarse a reposar, tanta adrenalina había hecho estragos en su cuerpo.

La pregunta vino a su cabeza abruptamente cortando la conciencia como estilete de cirujano con precisión y eficacia: ¿dónde estaba? ¿Cómo y por qué había llegado ahí? Su mente estaba en blanco absoluto, no le daba respuesta alguna.

Inesperadamente el suelo arcilloso cedió bajo su peso y empezó a caer en una suerte de pozo oscuro, húmedo, profundo, como si no tuviera fondo. Iba cayendo en una forma casi circular, tanto que la hizo pensar en el significado esotérico de la espiral y en los sueños laberínticos de Borges.

De pronto algo claro comenzó a percibirse allí abajo e imaginó que llegaba su fin, sin que la asaltara temor o aprehensión alguna.

-¡Qué raro todo esto! -se dijo en voz alta cuando sintió el golpe contra eso que resultó ser su cama. ¡Vaya! se había desplomado en su propia cama con esa sensación de haber rebotado sobre el colchón como  comentan  que han experimentado los que regresan de un viaje astral.

- ¡Un sueño! - exclamó-. Como una autómata apagó el despertador y salió disparada hacia el baño.

La ducha tibia la volvió a la realidad: los abogados de Martínez, Longueras y Asociados vendrían a una suerte de desayuno de trabajo para finiquitar el contrato de know how que la había estado emputeciendo las últimas dos semanas. No debía olvidar poner en el attaché el libro de autoayuda “Cómo aceptar tu sobrepeso” que le había prometido a su secretaria y pasar por la tintorería por su trajecito gris.

- Entonces, ¿estamos todos de acuerdo? - preguntaba con una sonrisa de patilla a patilla Alfredo Martínez mientras se tragaba la undécima medialuna de manteca de la Confitería La Francesa.

- Todos - respondió ella, con ese gesto de gacela satisfecha que tanto les gusta a los machos alfa. Total, su borrador no se había tocado ni en una coma y eso era lo único que le importaba.

Una oleada de calor sofocante volvió a escalarle el cuerpo, algo realmente incómodo, mientras Aarón, el menor de los Longueras, que acababa de señalar el súbito enrojecimiento de su cara como un hecho destacable – vos siempre tan blanca, Elenita - dejaba deslizar la otra cuestión como quien no quiere la cosa – si no fueras tan joven, pensaría que son los primeros sofocones de la menopausia -

"¡Menopausia!, maldito bastardo tiene razón, debe ser eso" -se dijo para sí - "Ya friso los 50 aunque represente menos de 40". - pensó - Y mucho más serena los acompañó cual libélula despreocupada hasta la puerta.

Regresando le pidió a Sofía, su secretaria, que llamara al ginecólogo y le pidiera cita para la próxima semana.

Tenía una agradable sensación de libertad, de paz tipo algodón.

"Ya sé" - dijo para sí - "me voy ahora mismo a casa, me tomo un baño de inmersión y cuando termine permaneceré en la salida de baño de toalla mientras miro alguna peli y descorcho un Chablis para festejar".

Se quedó como colgada de algún hilo invisible de araña también invisible.

-¿Festejar qué?- se preguntó-. Ummm, festejar, por ejemplo, que el enrojecimiento de mi piel y los calores tropicales tienen una explicación absolutamente racional y física y que en breve podré tener sexo sin sobresalto ni prevención alguna. ¡Fantástico! -se dijo- notablemente entusiasmada por la idea.

El baño parecía una capilla ardiente. Velones coloridos y perfumados, se alternaban en cascada en el ambiente. El sándalo de los sahumerios predominaba sobre los demás olores. Estaba convencida que era la fragancia más adecuada para la meditación. Había dejado la puerta entreabierta para que la música llegara desde la sala principal, el primer acto de Xerxes, Ombra Mai Fu Serse.

“Mami me consideró singular ya de pequeña y creo que tenía toda la razón del mundo, soy un bicho raro” -meditó Elena- “Creo que jamás me perdonó que haya sentido esa atracción fatal en quemar lombrices vivas, no lo consideraba natural en una pequeña y además le parecía una perversión”

Dejó en ese momento de acariciarse el punto G, costumbre que perfeccionaba en ocasión de cada baño de inmersión. Lo hizo tan abruptamente que se puso a buscar la razón, porque para Elena era menester que todo tuviera una explicación lógica. ¿Se debía a una represión ante el recuerdo de su madre? Un poco absurdo porque su madre fue una mujer muy liberada sexualmente. Lo descartó de plano.

¿Quizás lo provocó el recuerdo de su anormal tendencia infantil?

Un temor ancestral, una imagen subconsciente de una lombriz metiéndose por ese lugar que era acariciado y provocado hasta llegar a la matriz y devorarla.

“Jung, las asimilaba a los gusanos” recordó Elena

Salió de la bañera y corrió desnuda hasta la biblioteca, mojando la alfombra. Buscó en el Diccionario de Símbolos “gusano” y leyó : “Jung lo define como figura libidinal que mata en lugar de vivificar. Débese a su frecuente carácter subterráneo, a su inferioridad, a su relación con la muerte y con los estadios de disolución o precariedad biológica. Así es muerte relativa (para lo superior, organizado) lo que simboliza, pues, en el fondo –como la serpiente- es un exponente de la energía reptante y anudada”.

Volvió a meterse en el agua tibiecita.

Decidió terminar su baño, se levantó, salió de la bañera, se puso su salida de baño, secó su cabello enérgicamente y se fue directo a la cocina, a rescatar el Chablis bien helado con el que pensaba gratificarse.

De nuevo los calores subieron como un bólido a su rostro y ese dolor agudo en su pierna derecha...descorchó la botella, tomó una copa de pie largo y se arrellanó en el sillón de raso rosa viejo. Encendió la televisión y apagó la lámpara a su derecha.

Y la oscuridad entró para quedarse.



Por la puerta de roble, pesada, espartana debido a la ausencia de florituras, no dejaban de entrar arreglos florales de lo más diversos y personajes igualmente variopintos.

Un servicio especializado contratado para la ocasión ofrecía a los presentes exquisiteces y delicatesen varias, junto a bebidas alcohólicas, jugos naturales, café y agua mineral.

La crème de la crème de la abogacía argentina se había hecho presente ni bien circuló la noticia. Nadie quería perderse el menor detalle. Todos venían con su discurso oculto debajo del brazo. Todos creían tener derecho a hacerse oír. Todos querían estar para la foto y para la cobertura mediática.

No faltó medio alguno, por cierto. Que era novedad nadie podía ponerlo en duda. Muchos aventuraron que se trataba del "acontecimiento del año". En fin, algo muy cortaziano, hubiera dicho Elenita, que siempre había admirado el cuento Conducta en los velorios del Julio.

- Y dígame, Sofía, usted no llegó a notar nada raro? –preguntó con su voz de flauta desafinada y desorientada el Dr. Pedro Alonso Reussi, miembro de la Academia Nacional de Medicina y ex Decano de la Facultad homónima.

- Nada, doctor - respondió la muchacha, con gran estupor y agregó, casi en tono-murmullo: - cuando se fueron los del estudio Martínez, Longueras y Asociados, se encontraba rozagante, totalmente tranquila, usted sabe que ella era muy hiperactiva; sin embargo, hasta podría jurar que trasuntaba una paz infinita, algo como reverencial, algo casi místico…no sé si me explico.

- Estaba rara - afirmó seguidamente Sofía - tanto es así, que si bien ella era poco amiga de la música popular, andaba canturreando esa canción de Silvio Rodríguez y eso que ella no era precisamente izquierdosa, usted me entiende….esa canción, no recuerdo el nombre pero ella repetía casi obsesivamente:



“Sueño con serpientes, con serpientes de mar,

con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo”

Sofía rompió en llanto.

El Dr. Alonso Reussi aprovechó a estrechar la bonita y curvilínea figura femenina y ella se dejó hacer. Una espontánea y tumultuosa ola de empatía se había levantado entre ellos, como un tsunami impetuoso de pasiones prometidas a futuro que los demás no llegaban a percibir, pero que ellos apreciaban a flor de piel.

Y luego -prosiguió la muchacha contando- cuando abandonó el buffet, iba cantando: “Oh, la mato y aparece una mayor. Oh, con mucho más infierno en digestión.”

- Pero usted doctor ha tenido acceso a la autopsia -exclamó Sofía.

- ¿Qué se encontró allí? -

- ¿Cuál fue la verdadera causa del deceso?

Pedro se quedó un largo tiempo callado, absorto en pensamientos vaya uno a saber de qué envergadura. Se sopló la nariz con un pañuelo impecable que hacía juego con su corbata, como corresponde a un caballero de su talla. Hizo una mueca de estupefacción, sorpresa, incredulidad y dijo:

-Bueno, verán ustedes….Todo muy extraño… Elenita murió envenenada -

- El veneno encontrado en su cuerpo, prosiguió, pertenece a una mamba negra, una serpiente africana conocida dentro de la clase de serpientes asesinas. El orificio de entrada parece haber sido el que el cadáver presentaba en el talón del pié derecho -

- Lo inaudito de todo esto, es que Elenita no viajó a Africa en estos pasados días – manifestó el médico- Lo más inexplicable es que el veneno de una mamba negra tarda sólo 5 minutos en hacer efecto, letal, por supuesto – agregó con voz suspicaz , ya sintiéndose un Sherlok Holmes atrayendo la atención de todos los que lo rodeaban.

Pedro se calló bruscamente, como si lo poco que había dicho lo hubiera dejado extenuado.

Aarón Longueras, que no quería perderse la primicia, le alcanzó un vaso con agua mineral y un café azucarado, que el facultativo ingirió con premura.

- Una pregunta, doctor, ¿puede haber sido una especie introducida en el piso de Elenita? Porque en ese caso se trataría de un homicidio.

- No lo creo - respondió Pedro, y siguió aclarando- Lo hemos considerado, pero sucede que la mamba negra es una serpiente territorial, agrede si se siente amenazada en ese sentido, cuando la amenaza se halla entre ella y su guarida, caso en el cual alza la cabeza lo más alto posible, incluso llegando a veces según sea su tamaño, que oscila entre dos metros y medio y cuatro metros y medio, a mirar directamente a los ojos de un ser humano; arquea la parte posterior y avanza rápidamente, se para sobre su cola y abre sus mandíbulas, que revelan el negro dentro de la boca, emitiendo al mismo tiempo un silbido espeluznante -



El médico dejó de hablar, se quedó como suspendido en el aire y le pidió a Sofía si le podría conseguir algo alcohólico: coñac o jerez o whisky.

Se quedó mirando fijo el trasero de la chica mientras se alejaba. La secretaria de la extinta Elenita compartía con aquélla una virtud notoria y abultada: era nalgona. El ex Decano suspiró hondo y pensó en lo bueno que le haría liberar su morbo en esa dotada criatura,  pastilla azul mediante.

- Siéntese Doctor y tómese este Napoleón, le traje un vaso grande como podrá notar, así lo deja bien relajadito -dijo Sofía, depositando en las manos algo temblorosas del hombre el famoso coñac.

“Relajadito me vas a dejar vos, cuando te pueda agarrar” pensó Pedro.

En ese momento, Iván, el hermano de Elenita, que había permanecido aparentemente ajeno a toda la conversación, alzó los ojos gris acero que lo caracterizaban y los fijó en el académico, preguntando con voz ronca y tono inquisitivo, casi acusador:

-Dígame, Dr. Alonso Reussi, ¿cómo piensa usted que ese veneno llegó al tobillo de mi hermana? He leído en el reporte que la mamba negra inyecta al morder aproximadamente100 mg de veneno, y que cualquier persona moriría con sólo una décima parte de esa cantidad. También he leído que inocula una toxina neurotóxica que paraliza a la presa y que la muerte se produce por sofocación, dado que los músculos respiratorios se paralizan también. Pero mi hermana no ha muerto por sofocación, así dice el informe forense, según leí – Iván hizo una pausa.

- ¿Entonces? ¿Puede usted explicarlo? – interrogó al ex decano

- No, dijo Pedro.

Iván asintió, bajó los ojos hasta la alfombra persa, siguió detenidamente algunas volutas de color, como si allí encontrara algún tipo de respuesta.Y repreguntó

- Por otra parte, los síntomas de mi hermana aparecieron horas antes, mínimamente en su buffet, eso atestiguan todos los allí presentes esa mañana. Enrojecimiento, calores, dolor en el pie derecho. Usted acaba de decirnos que el efecto mortal se produce a los 5 minutos de la mordida ¿Cómo explica usted eso?

-.No sé cómo - respondió muy serio el galeno.

-Además -continuó diciendo Iván - no se halló serpiente alguna en el piso de mi hermana, ni señales de lucha o forcejeo.

-Es cierto, no se encontró nada de eso - contestó un agotado Pedro Alonso Reussi

-Dígame, entonces, doctor, ¿existe la posibilidad que alguien le haya inyectado ese veneno a mi hermana para asesinarla?

-No -contestó Pedro,- descarte usted definitivamente esa posibilidad. La huella es de la mordedura de la serpiente, el veneno pertenece a la mamba negra, de eso no hay duda alguna -

Iván lo miró fijamente con ese gris tajante y amenazante que tenía por iris, y alzando la voz casi al nivel de ser escuchado por todos, preguntó con verdadera exasperación y desesperación:

- ¿Puede usted, doctor, decirme al menos ¿cómo murió mi hermana? ¿Con dolor? ¿Con angustia? ¿Qué decía su rostro? ¿Qué mostraban sus facciones? Note que la estamos velando a cajón cerrado y yo, usted sabe, acabo de llegar de Noruega. -

-Si de algo le sirve, Iván, su hermana murió en paz.-expresó el galeno- Eso es lo más asombroso para los forenses y para mí, sus rasgos estaban descansados, relajados, como si se estuviera dando un baño de inmersión, plácida, ajena a cualquier preocupación mundana.

- Sin embargo -prosiguió detallando el facultativo- todos los que la vimos tuvimos una sensación y cuando digo todos, digo todos, no exagero. Como se trató de un pensamiento, recién pudimos darnos cuenta de la coincidencia cuando lo compartimos al comentarlo y fue que su hermana, Elenita, tenía las manos apuntando hacia arriba, ambas levantadas, como si se las hubieran estado sosteniendo hasta que entró en rigor mortis. Algo realmente inverosímil, por lo menos para nosotros, científicamente hablando, como usted comprenderá.

- Y es que mire usted -exclamó Pedro- qué sincronía más extraña: todos pensamos “es como si estuviera alcanzando por fin algo. Algo que hubiera buscado con desesperación, con unción verdadera, con devoción. Algo….qué sé yo… extraordinario, notable.  Algo como de vida o muerte”.








Hay hombres que luchan un día

y son buenos.

Hay otros que luchan un año

y son mejores.

Hay quienes luchan muchos años

y son muy buenos.

Pero hay los que luchan toda la vida:

esos son los imprescindibles.

Bertolt Brecht



Sueño con serpientes, con serpientes de mar,

con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.

Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan

lo que puedan arrebatarle al amor.







Oh, la mato y aparece una mayor.

Oh, con mucho más infierno en digestión.



No quepo en su boca. Me trata de tragar

pero se atora con un trébol de mi sien.

Creo que está loca. Le doy de masticar

una paloma y la enveneno de mi bien.



Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago

paseo, voy pensando en qué vendrá.

Pero se destruye cuando llego a su estómago

y planteo con un verso una verdad.






6 comentarios:

Anónimo dijo...

La mezcla de fantasia en la dura realidad, cuando los caminos del amor se hacen cuesta arriba y pareciera el transito por una selva densa, todo aquello que se ha buscado en cada ser, caracteristicas, rasgos y valores, de ese ser con el que se sueña y luego caer una y otra vez en el abismo, el desencanto, la desilusion, un amor imposible, como fantasma que nos lleno, vacio y abandono, sobreviene el duelo, la vivencia del fallecimiento de ese sentimiento, ironicamente cosechando a la par exitos laborales sin limites, mientras una parte de uno mismo desea por fin alcanzar ese algo de vida o muerte.

Alcanzar la muerte por no mostrarnos un amor que responda a tanto amor o alcanzar la vida porque al fin aparecio y nos invadio el alma.

"Elenita hoy encontro finalmente lo que tanto busco"

Mayestatico y Grandioso Mir.

Mauricio

Anónimo dijo...

Los miedos que se vengan de una mujer temeraria. Un final que ella misma sueña como liberador. Algo que venía buscando desde niña: la sombra

Mauricio

Dos Mentes, Idea y Media dijo...

Mauricio, eres tan parecido a mí que da vértigo. Me has dejado sin palabras pero a eso ya estoy acostumbrada. Nunca pensé que pudiera haber alguien como tú, tan perceptivo, tan superinteligente, con tanta fuerza de voluntad y tanta dulzura dentro. Amo tu alma y amo tu forma de ser, amo tu mente y tu manera de darte, tu altruismo, tus deseos de servir desinteresadamente,
y además pintas y escribes como un Dios. Gracias por dejarme esto aquí en mi blog. Mi par. Lees mi pensamiento. Somos telepáticos.
Mir

Anónimo dijo...

Creo que el texto es realmente muy bueno. Y la historia está contada de tal forma, que la carga dramática se incrementa de renglón a renglón.
El juego de lo real/irreal, de los laberintos de la mente, es muy rico, y me genera una ambigüedad "deliberada" a la hora de comprender lo sucedido.
Felicitaciones
Roberto

Ángel Saiz dijo...

Otro derroche de creatividad donde se confunden de una forma que calificaría de feliz fantasía y realidad.
Eres un torrente de letras.
Abrazos

Anónimo dijo...

Tienes una imaginación desbordante. No cabe duda alguna.

Detalles que preferiría que hubieras omitido, para no distraérme:
- El traser de Sofía
- El color de los ojos del hermano
y así más adjetivos que los necesarios.

Otro detalle muy menor, pero que alguien avezada como tú debe pulir antes de publicar:

«Eran descomunales - pensó - d...» cuando ella piensa lo hace en su presente, no en el tiempo pasado de la narración. Debió decir: «Son descomunales - pensó - d...».

De cualquier modo, el relato tiene excelente suspenso, creatividad e imaginación.

¡Felicidades!

KU