miércoles, 13 de agosto de 2014

Capricho de los dioses. Autora: Mir Rodríguez Corderí




 
¿Quién te ha dado el derecho a ese rostro?.


Lo mostrás sin remordimientos,
con impunidad,


como si no supieras que tus ojos,
implícitos y asombrados,
deslumbran cuando miran.


¿Cómo podés aparecerte así
tan aristocrático y distinguido
sin sonrojarte siquiera?.


Con ese cuerpo esbelto,
esa altura…


Decime ¿cuál es tu excusa
de vivir seduciendo?.

¿Cómo puede ser que te permitan
andar libre, hechizando,
sin límites ni mesura?.



Tantos dones

para un solo mortal



Capricho de los dioses

que a esta edad

sin pedir mi consenso

me invade con estos celos

de los que sos causa y motivo

Razón de lo irracional:
Tu rostro, tu andar, tu voz,
tus sueños y tu interior.


MIR

martes, 3 de junio de 2014

Capricho del pelo rojo (poema) por Mir Rodríguez Corderí







Era un lobo distinto
Su pelaje blanco lo destacaba
Una loba buscaba
Que no fuera común.
Su exquisito instinto
Pelo rojo ardiente le  indicaba.
¿Dónde hallar una hembra
Con fuego en el pelo y la mirada?

Pasaron por su  éxtasis lobino
Hembras  de exquisitez inmaculada
Pero su  afanado capricho
de pelo rojo enarbolaba
Como causa y propósito  divino,
Ese macho feroz y enardecido
Que una loba roja para sí buscaba.

Un día, ella pasó como ignorada
Delante de sus ojos de macho  albino
Encendidos por el deseo que abrigaba.
¿Será ésa mi par?  -Se preguntaba-
¿La de rojo fueguino?
¿La que me tiene en feroz delirio?
¿La que me alza y mi deseo horada?

El olfato de ella fue el  mortal adivino

Que supo oliscar  su breva madurada.

Urgidos
Alborotados en el ritual jupiterino.
Buscando la lascivia perfumada
Se unieron por estirpe mejorada
Por ser comunes a ese fatal destino.
Blandieron los placeres del Divino.
En su precaria y rocosa aplacerada.
Ella aulló de pasión, enamorada.
El aulló de propósito negrestino
Al finalizar  de esa forma la jornada.

¿Cuántas veces iterará la mejorada
Estirpe de los grandes selvajinos?
Que con lujuria procuran su morada,
Para darse al juego clandestino
De ser sólo dos en el camino
Que lleva a la exultante y venerada
Implosión fluida, total y acalorada.

Y la gran adicción, exagerada
Repleta de capricho rojo del lobino
Que sintió la lujuria de su amada
Y pudo comprobar que su destino
Rojo de cadmio, rojo dibujaba.
Amores animales que sin tino
desatan en la absurda madrugada
Los deseos carnales transmarinos
De una loba sureña,
De un lobo montecino
Y su febril anhelo de rojo vino
En el pelaje de su consorte amada.

Mir Rodríguez Corderí
Tw: Cassiopeia @Mir_Rodriguez








viernes, 18 de abril de 2014

Mi soledad enterita...por Mir Rodríguez Corderí

Resultado de la suma de mis decepciones
Surgió una soledad tan enterita
Que se creía única.

Se paseaba muy  oronda
Por los pasillos derruidos
De las conciencias
Como si no conociera la ingravidez,
La  necedad,
Ni la teoría de las cuerdas.

En todo caso
No respondía al saludo
De las demás soledades,
Simplemente porque no  las conocía.
Ni siquiera se sentía similar
O parte
De las mismas.
 
Tan enterita se sentía
Que llegó a imaginarse única,
Sin parangón,
Sin pares existentes
En todo el multiverso.

Pero ella sólo conocía
El universo de mis desilusiones
Y eso, precisamente…
Eso la confundía.

He dado a luz una soledad
Que se sienta a conversar conmigo
De cuestiones abstractas
De paradigmas
De temas inconclusos.

Pobre mi soledad, tan enterita ella.
No sabe que hay otras tantas
Minisoledades
Tan parecidas
Tan igualitas
Que la tornan olvidable.

jueves, 17 de abril de 2014

La Tristeza, por Mir Rodríguez Corderí










La tristeza.
Esa mano de gelatina que se estira
Hasta tocarte la dermis del alma.
Elástica.
Polímero incipiente que no respeta
Ni límites ni lugares vedados.

La tristeza.
Esa bufanda de  arpillera
Que se va enroscando
En tu cuello
Hasta asfixiar  la laringe, la faringe
Y eructar llantos interminables.

lunes, 7 de abril de 2014

No debí pedir algo así







Quizás no debí pedir algo así.
 Porque hay cosas que no deben pedirse,
Que tienen que ser libres.
Y dejarse venir, si procede,
garabateando cordones de veredas
o dejándose llevar por la corriente
de un charco,
un arroyo cristalino
o un océano.
Da lo mismo.
Ya sabes:
las incógnitas de los espacios.
Ésos que no saben casi nunca
qué hacer con nosotros.
Dónde ubicarnos.
Si después del signo de interrogación
O del punto aparte.
Y mientras tanto,
Yo aquí, en esta brecha de tiempo,
En este almácigo improvisado
Donde tus semillas y las mías
Germinan libremente.
Sin incomodarse.
Sin condicionarse.

Lo dicho: quizás no debí pedir
Y mucho menos algo así.
Porque las lianas 
vinieron a atar mis manos
a tu carro triunfal
y mis piernas
a tus pisadas heterodoxas,
y yo no sirvo para improvisar tanto.
Simplemente, no tengo pasta de dependiente
ni de esclava voluntaria
ni de mujer sumisa y solícita
pidiendo que le bajen la luna
o le aseguren el pan de cada día.
Soy rebelde
y muy mía
y fuerte
y no sé suplicar 
ni sentarme a esperar que venga la cuchara a mi boca
o la copa sin veneno 
que acaba de probar el fiel criado,
o el obsequio de un verso
que debe nacer libre
bajo mis contornos de musa improvisada.
No te preocupes:
Dejaré correr las aguas subterráneas
y las de la cima de esas cúspides nevadas
hasta que laven los vestigios
todos ellos
y podamos mirarnos sin asombro
largamente
como antes de pedir
lo que no debí pedir.

Mir Rodríguez Corderí