jueves, 9 de octubre de 2014

Creo que empiezas con G. Autora: Mir Rodríguez Corderí.




Desdoblarte en pequeños símbolos. Letras,  que le dicen.

Retenerte en un marco improvisado lleno de fragancia.

Saberte como nadie para pintarte: acuarelas que te fijen.

Detenerte en mi estancia, estas cuatro paredes cementicias.

Puede que estén ciegos, que no te vean aunque miren.
Puede, incluso, que no detecten en ti mis caricias.

Vaya, no he perdido ni el ritmo ni la elegancia:
Es por ti y para ti esta sustancia que hará que deliren
Imaginando la fuente de mi inspiración, las cien delicias
Que aportas a este cuento de miles de noches y ansia.

Procedes de mi fascinación. A qué negarlo, si derriten
Tus miradas mi más íntima obsesión. Las que propicias
Para que yo olvide el tiempo, el celo y la distancia
Cuando fijas tus ojos en mis poemas y ellos desviven
La esencia pura de mi alma, ésa que codicias.

Sé que eres la causa de esta compulsión. Su tolerancia.
Ser del amor la inagotable fuente de abundancia
Que reconozca tu mente y que sólo en tu vida admitas.




miércoles, 13 de agosto de 2014

Capricho de los dioses. Autora: Mir Rodríguez Corderí




 
¿Quién te ha dado el derecho a ese rostro?.


Lo mostrás sin remordimientos,
con impunidad,


como si no supieras que tus ojos,
implícitos y asombrados,
deslumbran cuando miran.


¿Cómo podés aparecerte así
tan aristocrático y distinguido
sin sonrojarte siquiera?.


Con ese cuerpo esbelto,
esa altura…


Decime ¿cuál es tu excusa
de vivir seduciendo?.

¿Cómo puede ser que te permitan
andar libre, hechizando,
sin límites ni mesura?.



Tantos dones

para un solo mortal



Capricho de los dioses

que a esta edad

sin pedir mi consenso

me invade con estos celos

de los que sos causa y motivo

Razón de lo irracional:
Tu rostro, tu andar, tu voz,
tus sueños y tu interior.


MIR

martes, 3 de junio de 2014

Capricho del pelo rojo (poema) por Mir Rodríguez Corderí







Era un lobo distinto
Su pelaje blanco lo destacaba
Una loba buscaba
Que no fuera común.
Su exquisito instinto
Pelo rojo ardiente le  indicaba.
¿Dónde hallar una hembra
Con fuego en el pelo y la mirada?

Pasaron por su  éxtasis lobino
Hembras  de exquisitez inmaculada
Pero su  afanado capricho
de pelo rojo enarbolaba
Como causa y propósito  divino,
Ese macho feroz y enardecido
Que una loba roja para sí buscaba.

Un día, ella pasó como ignorada
Delante de sus ojos de macho  albino
Encendidos por el deseo que abrigaba.
¿Será ésa mi par?  -Se preguntaba-
¿La de rojo fueguino?
¿La que me tiene en feroz delirio?
¿La que me alza y mi deseo horada?

El olfato de ella fue el  mortal adivino

Que supo oliscar  su breva madurada.

Urgidos
Alborotados en el ritual jupiterino.
Buscando la lascivia perfumada
Se unieron por estirpe mejorada
Por ser comunes a ese fatal destino.
Blandieron los placeres del Divino.
En su precaria y rocosa aplacerada.
Ella aulló de pasión, enamorada.
El aulló de propósito negrestino
Al finalizar  de esa forma la jornada.

¿Cuántas veces iterará la mejorada
Estirpe de los grandes selvajinos?
Que con lujuria procuran su morada,
Para darse al juego clandestino
De ser sólo dos en el camino
Que lleva a la exultante y venerada
Implosión fluida, total y acalorada.

Y la gran adicción, exagerada
Repleta de capricho rojo del lobino
Que sintió la lujuria de su amada
Y pudo comprobar que su destino
Rojo de cadmio, rojo dibujaba.
Amores animales que sin tino
desatan en la absurda madrugada
Los deseos carnales transmarinos
De una loba sureña,
De un lobo montecino
Y su febril anhelo de rojo vino
En el pelaje de su consorte amada.

Mir Rodríguez Corderí
Tw: Cassiopeia @Mir_Rodriguez








viernes, 18 de abril de 2014

Mi soledad enterita...por Mir Rodríguez Corderí

Resultado de la suma de mis decepciones
Surgió una soledad tan enterita
Que se creía única.

Se paseaba muy  oronda
Por los pasillos derruidos
De las conciencias
Como si no conociera la ingravidez,
La  necedad,
Ni la teoría de las cuerdas.

En todo caso
No respondía al saludo
De las demás soledades,
Simplemente porque no  las conocía.
Ni siquiera se sentía similar
O parte
De las mismas.
 
Tan enterita se sentía
Que llegó a imaginarse única,
Sin parangón,
Sin pares existentes
En todo el multiverso.

Pero ella sólo conocía
El universo de mis desilusiones
Y eso, precisamente…
Eso la confundía.

He dado a luz una soledad
Que se sienta a conversar conmigo
De cuestiones abstractas
De paradigmas
De temas inconclusos.

Pobre mi soledad, tan enterita ella.
No sabe que hay otras tantas
Minisoledades
Tan parecidas
Tan igualitas
Que la tornan olvidable.

jueves, 17 de abril de 2014

La Tristeza, por Mir Rodríguez Corderí










La tristeza.
Esa mano de gelatina que se estira
Hasta tocarte la dermis del alma.
Elástica.
Polímero incipiente que no respeta
Ni límites ni lugares vedados.

La tristeza.
Esa bufanda de  arpillera
Que se va enroscando
En tu cuello
Hasta asfixiar  la laringe, la faringe
Y eructar llantos interminables.