Salido de las raíces
de la mandrágora
Que habita mi jardín umbrío
Duende hosco y caprichoso,
Te crees con derecho a transitar
Mis desnudeces, mis cabellos
Mis monólogos,
Con ínfulas de dueño.
No sé de qué convulsa
ideación
Has llegado a creerte amo y señor
De mi ostracismo.
Lo cierto es que tu tono ronco
Afónico. Áspero
Invade mis soliloquios
Y se entreteje hábilmente
Entre mis poemas, mis
palabras
Mis piernas abiertas al desorden
De los sentidos desordenados.
Eres letal y al mismo tiempo inocuo
Eres perverso y a la
vez benigno
Consuélame saber
Que con cerrar los postigos
De mi imaginación
Devendrás, inexorablemente, duende sin más
Y podré poblar
mis optadas soledades
Sin intromisión alguna
Sin extraños ni conocidos
Que pretendan macularlas
Mir Rodríguez Corderí
