jueves, 11 de septiembre de 2008

Desarrollo del vínculo terapéutico (II) Daniel Sidelski








Propuesta integral para el desarrollo del vínculo terapéutico* (Parte II)

Una serie de propuestas basadas en el modelo de Ken Wilber



* Dr. Daniel Sidelski - Universidad de Flores





1. NIVEL DE LA DINÁMICA PSICÓTICA
En este nivel de problemática el sistema consultante necesita de un Médico Tradicional, de un experto omnisapiente y omnipotente que de indicaciones precisas de que es lo que debe hacer cada uno, así como que sea capaz de anticipar posibles inconvenientes.
La demanda suele ser ambigua: el sistema consultante (que no suele ser el paciente) demanda al profesional por un lado la identificación precisa de toda la problemática familiar en el paciente identificado, por lo que resistirán toda indicación que implique un cambio en ellos mismos. Por otro lado suelen dar absoluta autoridad al doctor respecto a las indicaciones que este da relacionada al paciente.
Por lo tanto, más allá del modelo teórico que emplea el profesional, y de las herramientas técnicas que decida emplear, el vínculo que requiere construir es el de un Dr. que sabe exactamente que hacer, que pueda dar indicaciones claras pero, al mismo tiempo que no fuerce al sistema consultante mas allá de sus posibilidades de cambio. En caso contrario, se llevarán al paciente identificado hacia otro profesional.





2. NIVEL DE LA DINÁMICA BORDER–NARCISISTA
En este nivel, lo que se requiere es un terapeuta madre. Esta metáfora alude a la necesidad de construir un formato terapéutico que brinde al sistema consultante la posibilidad de contar con una “desilusión optima” en un clima de “aceptación incondicional”. El sistema asistido requiere sentir que el terapeuta esta presente todo el tiempo, (ya sea en su atención durante la sesión o mediante las prescripciones durante la vida cotidiana.); que ante cualquier emergencia esta rápidamente localizable, y siempre dispuesto a brindar sostén. Sea cual sea el marco teórico y las herramientas que este ofrece, será necesario que el sistema consultante perciba esta presencia incondicional del sistema que ayuda, más allá de su mejoría o recaída. De este modo, se afianzará paso a paso su confianza en los procesos de la vida, mas allá de que no logren “curarse”.




3. NIVEL DE LA DINÁMICA PSICONEUROSIS – TRASTORNOS DEL CARÁCTER
En este nivel, el paciente requiere de un terapeuta padre. Esta nueva metáfora alude a la necesidad del paciente de encontrar una autoridad cariñosa pero firme, tierna pero consistente, condicional pero alcanzable, si bien distante contenedora, que pone limites para crecer no para castigar. Sea cual sea el marco teórico y las herramientas que este ofrece, el paciente se comporta como un niño o niña que busca la aprobación y el reconocimiento de su padre. Estos pacientes suelen mejorar (o resistirse) para sostener el vínculo más que para transformarse de manera positiva hacia la salud. Su principal objetivo consiste en “ser nuestros buenos hijos”. Y nuestra tarea, desde la perspectiva vincular, consiste en ayudarlos a madurar hacia el próximo nivel, empleando la sintomatología como excusa para lograrlo.




4. NIVEL DE LA DINÁMICA DE NEUROSIS DE GUIÓN
En este nivel, el paciente requiere de un experto. Esta nueva metáfora alude a la necesidad del paciente de contar con un profesional confiable desde el punto de vista técnico. La persona consultante se dirigirá hacia el terapeuta como de alguien que es sabio en el arte de vivir. Si bien ya no se vincula como un padre, sí lo hace de modo idealizado en cuanto a nuestras habilidades para vivir saludablemente. El paciente espera que tengamos las respuestas justas a sus problemas. El terapeuta entonces, tiene la tarea de asumir este rol y delimitarlo al ámbito de la salud psicológica (aspectos cognitivos y emocionales por ejemplo) sin extenderlo a problemas filosóficos (morales por ejemplo), dado que si incurre en este error perderá capacidad de maniobra frente a las ambigüedades del nivel existencial. En este nivel el vínculo requiere entonces la construcción de un espacio protegido para explorar y ensayar nuevos guiones en la expresión de emociones y selección de esquemas cognitivos más efectivos para vivir en plenitud, bajo la guía de nuestro rol de experto en estos temas.




5. NIVEL DE LA DINÁMICA DE LA NEUROSIS DE IDENTIDAD
En este nivel, el consultante requiere de un co-filósofo. Esta nueva metáfora alude a la necesidad de quien solicita ayuda de cuestionar él mismo su filosofía de vida. El consultante deja de ser paciente y se convierte en co-filósofo. Necesita que nosotros cuestionemos sus modelos mentales, y que tengamos la paciencia de que sea él mismo quien encuentre las nuevas respuestas. A su vez, precisa que lo acompañemos en la angustia que provoca el despojarse de los roles como elementos exclusivos de asiento de la identidad. Nuestra tarea aquí consiste en cuestionar con gentileza, en hacer preguntas más que en proveer respuestas. O sea, en que lo ayudemos a realizar una introspección efectiva, en un contexto cálido y protegido.




6. NIVEL DE LA DINÁMICA DE LA NEUROSIS EXISTENCIAL
En este nivel, el consultante requiere de un compañero de evolución experimentado. Esta nueva metáfora alude a la necesidad de quien ha solicitado nuestra ayuda de recibir la guía de alguien que ya ha atravesado lo que el está por atravesar. El consultante ha dejado de ser paciente para convertirse en un compañero de evolución, que incluso puede estar mucho más avanzado que nosotros en otros aspectos, pero que en el particular ámbito en el que nos consulta aún no ha atravesado lo que nosotros sí ya hemos trascendido en nuestro periplo personal. En esta clase de vínculo el “terapeuta” ofrece sus propias aventuras como ejemplos, y actúa más como un faro que como un guía activo. Aquí, propone contextos protegidos donde ocurran vivencias que el mismo consultante va a experimentar y luego autointerpretar. Aquí, nuestro saber está al servicio de crear el contexto más apropiado para que el consultante vivencie experiencias de manera protegida, experiencias que incluyen a su cuerpo tanto como a su mente.




INTEGRACIÓN VERSUS CARENCIA
Llegados a este punto, deseo proponer al lector la siguiente distinción: “problema” de integración y “problemas” carenciales o de “nutrición” . Según esta hipótesis un problema de integración, da cuenta de una dinámica en el que cierta estructura de la conciencia, interviene sobre otra estructura a fin de “defender el todo”. O sea, un “sector del ser” reprime, inhibe, o incluso aniquila a otro sector del ser, en general siguiendo una lógica de salvaguardar el conjunto. Esto implica que la clase de manifestaciones sintomáticas serán producidas por el mismo organismo, aún sin conciencia de que lo hace. Se defiende. Por lo tanto, el tipo de intervención que se suele requerir, tiene que ver con el restituir el funcionamiento original del plan, “antes de que todo marchara mal”. Siguiendo a Wilber, (Wilber, 2000) asocio esta clase de intervenciones al concepto de “técnicas de descubrimiento” (diferenciándolas de las técnicas de emergencia), donde lo que se busca con la intervención propuesta consiste en desreprimir lo reprimido, reintegrar lo escindido o re-introyectar lo proyectado. En este sentido diré que se requiere de un proceso de psicoterapia para conseguir la expansión de la conciencia.
Por otra parte, en los problemas de Carencia el problema consiste en que alguna estructura no ha podido emerger como es debido, no por la represión de otra estructura , sino por una “falta de nutrientes” o “espacio de precipitación” adecuado para consolidarse y desarrollarse. En estos casos, la estructura no ha crecido y no se ha diferenciado, razón por la cual, se generan una serie de manifestaciones producto de esa carencia.
Esto implica una clase de intervenciones diferentes a las de los problemas de integración. En estos casos se requiere lo que Wilber ha llamado técnicas de emergencia, y si bien las mismas son distintas de acuerdo a cual sea el nivel en que sea preciso que la estructura emerja, el principio es el mismo: generar las condiciones- en los cuatro cuadrantes- que favorezcan dicha emergencia. Siguiendo esta idea, en estos casos lo que se requiere no consiste en una psicoterapia, sino en una re-educación vivencial para conseguir la expansión en la conciencia. A este proceso lo denominamos práctica integral.
Siguiendo esta idea, los niveles más allá del de neurosis existencial, en nuestra sociedad actual requerirán de “prácticas integrales” específicas para cada nivel que favorezcan la emergencia de estructuras de conciencia correspondientes.
Soy conciente de la importante confusión que existe hoy día respecto de estos niveles del ser y del modo vincular que más favorece su “despertar”. Así como de la crucial necesidad de distinguir experiencias de niveles superiores de las provocadas por regresiones a los niveles inferiores. Por lo tanto presentaré a continuación, el concepto de falacia pre/trans (Wilber 1999).




FALACIA PRE/TRANS
En un sentido técnico específico Ken Wilber ha definido la falacia pre/trans en relación a la confusión generada entre los dominios PREracionales y TRANSracionales de la conciencia. Al definir nueve niveles de conciencia:
1. los tres primeros son preracionales, preegoicos, prepersonales y en este sentido resultan no racionales.
2. los tres intermedios son racionales, egoicos, personales.
3. los tres últimos son transracionales, transegoicos, transpersonales y resultan no racionales al igual que los estadios pre.
Wilber ha señalado en sus observaciones que por el hecho de ser no racionales, los estadios primeros suelen confundirse frecuentemente con los últimos. En esta dirección, los modelos teóricos que podríamos denominar “elevacionistas” tienden a considerar en numerosas ocasiones, ciertas manifestaciones no racionales producto de niveles preegoicos de conciencia (como por ejemplo fantasías grandiosas narcisistas o incluso delirantes), como producto de niveles de conciencia superiores o transpersonales. O sea, tienden a “elevar” los primeros niveles de conciencia, hasta los últimos sin atravesar los niveles intermedios. De este modo, diversas manifestaciones fantasiosas y poco realistas (o incluso patológicas) son consideradas como experiencias auténticamente místicas y de carácter transpersonal.
Por otra parte, en numerosas ocasiones, las posturas racionalistas, tienden a confundir (y reducir) numerosas experiencias místicas auténticas a fantasías prepersonales de carácter imaginado o incluso patológico. En otras palabras, tienden a reducir los niveles superiores de la conciencia a manifestaciones de los inferiores, dado que, desde el nivel en que se encuentran, no cuentan con las herramientas apropiadas para realizar tal distinción. De esta manera, numerosas experiencias espirituales auténticas, son consideradas como meras fantasías producto de la imaginación de la persona que las experimenta.
Es por este motivo que el concepto de falacia pre/trans puede resultar de verdadera utilidad a toda aquella persona interesada en su desarrollo personal. Dicho modelo puede proporcionar interesantes indicadores a la hora de diferenciar una progresión o una regresión frente a una nueva clase de experiencia que accede a la conciencia.




CONCLUSIONES
P. Meehl, el prestigioso psicólogo clínico describía la Psicoterapia, hace más de 30 años, como “el arte de aplicar una ciencia que todavía no existe” (Feixas y Miró 1993). Dichos autores, opinan que esta paradójica definición de Meehl servía para poner de manifiesto la situación coyuntural tanto como para mostrar una aspiración legítima. Desde entonces, el área de los tratamientos psicológicos se ha desarrollado considerablemente, sin que ello haya requerido un consenso manifiesto en torno a una definición explícita del área. No obstante, “la búsqueda de una definición sistemática de la psicoterapia ha preocupado y sigue preocupando a los investigadores” (Feixas y Miró 1993). Sabemos que existen grandes diferencias entre las escuelas actuales de psicoterapia, tanto en su interpretación de los síntomas y sus estrategias terapéuticas, como en su descripción de la dinámica básica de la personalidad humana y su forma de abordarla. En lo que la gran mayoría de las escuelas suelen coincidir (y en esto podemos adoptar la metodología de Wilber respecto a la construcción de generalizaciones orientadoras (Wilber 1998) es en que el vínculo terapéutico juega un rol fundamental en cualquier proceso de psicoterapia más allá de la tecnología que cada modelo emplea para el cambio.
Cerraré entonces este artículo con esta idea: dado que la importancia del vínculo terapéutico es un tema en el que hay poca controversia, se me ocurre como un excelente punto de partida sobre el que enfocar nuestra atención a la hora de proponer alguna clase de intervención al sistema consultante. Más allá del diagnóstico “formal” que cada modelo provea como base para el diseño de las acciones terapéuticas, necesitamos dar cuenta de un modo racional de la clase de vínculo que vamos a elegir construir dada la problemática del sistema consultante.
He encontrado particularmente útil el modelo creado por Ken Wilber para utilizarlo como un metamarco que organice las observaciones más allá de cada teoría de psicoterapia, de modo de poder planificar la construcción del vínculo del mismo modo que planificamos el resto de las intervenciones; y como herramienta para comenzar a incluir de un modo auténticamente trans-racional la dimensión espiritual del ser humano.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS




Feixas, G.; Miró, M. T. Aproximaciones a la psicoterapia. 1era. Barcelona: Paidós; 1993
Wilber, K. Psicología Integral. 1ra. Barcelona: Kairós; 1994
Wilber, K. El Proyecto Atman. 2da. Barcelona: Kairós; 1996
Wilber, K. Sexo, Ecología, Espiritualidad. 1ra. Madrid: Gaia; 1996
Wilber, K. El ojo del Espíritu. 1ra. Barcelona: Kairós; 1998
Wilber, K. Los tres ojos del conocimiento. 3ra. Barcelona: Kairós; 1999.
Wilber, K. Una visión integral de la Psicología. 1ra. México D. F.: Alamah; 2000
Wilber, K. Diario 1ra. Barcelona: Kairós; 2000

martes, 9 de septiembre de 2008

Desarrollo del vínculo terapéutico (I), Daniel Sidelski








Propuesta integral para el desarrollo del vínculo terapéutico* (Parte II)

Una serie de propuestas basadas en el modelo de Ken Wilber



* Dr. Daniel Sidelski - Universidad de Flores





1. NIVEL DE LA DINÁMICA PSICÓTICA
En este nivel de problemática el sistema consultante necesita de un Médico Tradicional, de un experto omnisapiente y omnipotente que de indicaciones precisas de que es lo que debe hacer cada uno, así como que sea capaz de anticipar posibles inconvenientes.
La demanda suele ser ambigua: el sistema consultante (que no suele ser el paciente) demanda al profesional por un lado la identificación precisa de toda la problemática familiar en el paciente identificado, por lo que resistirán toda indicación que implique un cambio en ellos mismos. Por otro lado suelen dar absoluta autoridad al doctor respecto a las indicaciones que este da relacionada al paciente.
Por lo tanto, más allá del modelo teórico que emplea el profesional, y de las herramientas técnicas que decida emplear, el vínculo que requiere construir es el de un Dr. que sabe exactamente que hacer, que pueda dar indicaciones claras pero, al mismo tiempo que no fuerce al sistema consultante mas allá de sus posibilidades de cambio. En caso contrario, se llevarán al paciente identificado hacia otro profesional.





2. NIVEL DE LA DINÁMICA BORDER–NARCISISTA
En este nivel, lo que se requiere es un terapeuta madre. Esta metáfora alude a la necesidad de construir un formato terapéutico que brinde al sistema consultante la posibilidad de contar con una “desilusión optima” en un clima de “aceptación incondicional”. El sistema asistido requiere sentir que el terapeuta esta presente todo el tiempo, (ya sea en su atención durante la sesión o mediante las prescripciones durante la vida cotidiana.); que ante cualquier emergencia esta rápidamente localizable, y siempre dispuesto a brindar sostén. Sea cual sea el marco teórico y las herramientas que este ofrece, será necesario que el sistema consultante perciba esta presencia incondicional del sistema que ayuda, más allá de su mejoría o recaída. De este modo, se afianzará paso a paso su confianza en los procesos de la vida, mas allá de que no logren “curarse”.




3. NIVEL DE LA DINÁMICA PSICONEUROSIS – TRASTORNOS DEL CARÁCTER
En este nivel, el paciente requiere de un terapeuta padre. Esta nueva metáfora alude a la necesidad del paciente de encontrar una autoridad cariñosa pero firme, tierna pero consistente, condicional pero alcanzable, si bien distante contenedora, que pone limites para crecer no para castigar. Sea cual sea el marco teórico y las herramientas que este ofrece, el paciente se comporta como un niño o niña que busca la aprobación y el reconocimiento de su padre. Estos pacientes suelen mejorar (o resistirse) para sostener el vínculo más que para transformarse de manera positiva hacia la salud. Su principal objetivo consiste en “ser nuestros buenos hijos”. Y nuestra tarea, desde la perspectiva vincular, consiste en ayudarlos a madurar hacia el próximo nivel, empleando la sintomatología como excusa para lograrlo.




4. NIVEL DE LA DINÁMICA DE NEUROSIS DE GUIÓN
En este nivel, el paciente requiere de un experto. Esta nueva metáfora alude a la necesidad del paciente de contar con un profesional confiable desde el punto de vista técnico. La persona consultante se dirigirá hacia el terapeuta como de alguien que es sabio en el arte de vivir. Si bien ya no se vincula como un padre, sí lo hace de modo idealizado en cuanto a nuestras habilidades para vivir saludablemente. El paciente espera que tengamos las respuestas justas a sus problemas. El terapeuta entonces, tiene la tarea de asumir este rol y delimitarlo al ámbito de la salud psicológica (aspectos cognitivos y emocionales por ejemplo) sin extenderlo a problemas filosóficos (morales por ejemplo), dado que si incurre en este error perderá capacidad de maniobra frente a las ambigüedades del nivel existencial. En este nivel el vínculo requiere entonces la construcción de un espacio protegido para explorar y ensayar nuevos guiones en la expresión de emociones y selección de esquemas cognitivos más efectivos para vivir en plenitud, bajo la guía de nuestro rol de experto en estos temas.




5. NIVEL DE LA DINÁMICA DE LA NEUROSIS DE IDENTIDAD
En este nivel, el consultante requiere de un co-filósofo. Esta nueva metáfora alude a la necesidad de quien solicita ayuda de cuestionar él mismo su filosofía de vida. El consultante deja de ser paciente y se convierte en co-filósofo. Necesita que nosotros cuestionemos sus modelos mentales, y que tengamos la paciencia de que sea él mismo quien encuentre las nuevas respuestas. A su vez, precisa que lo acompañemos en la angustia que provoca el despojarse de los roles como elementos exclusivos de asiento de la identidad. Nuestra tarea aquí consiste en cuestionar con gentileza, en hacer preguntas más que en proveer respuestas. O sea, en que lo ayudemos a realizar una introspección efectiva, en un contexto cálido y protegido.




6. NIVEL DE LA DINÁMICA DE LA NEUROSIS EXISTENCIAL
En este nivel, el consultante requiere de un compañero de evolución experimentado. Esta nueva metáfora alude a la necesidad de quien ha solicitado nuestra ayuda de recibir la guía de alguien que ya ha atravesado lo que el está por atravesar. El consultante ha dejado de ser paciente para convertirse en un compañero de evolución, que incluso puede estar mucho más avanzado que nosotros en otros aspectos, pero que en el particular ámbito en el que nos consulta aún no ha atravesado lo que nosotros sí ya hemos trascendido en nuestro periplo personal. En esta clase de vínculo el “terapeuta” ofrece sus propias aventuras como ejemplos, y actúa más como un faro que como un guía activo. Aquí, propone contextos protegidos donde ocurran vivencias que el mismo consultante va a experimentar y luego autointerpretar. Aquí, nuestro saber está al servicio de crear el contexto más apropiado para que el consultante vivencie experiencias de manera protegida, experiencias que incluyen a su cuerpo tanto como a su mente.




INTEGRACIÓN VERSUS CARENCIA
Llegados a este punto, deseo proponer al lector la siguiente distinción: “problema” de integración y “problemas” carenciales o de “nutrición” . Según esta hipótesis un problema de integración, da cuenta de una dinámica en el que cierta estructura de la conciencia, interviene sobre otra estructura a fin de “defender el todo”. O sea, un “sector del ser” reprime, inhibe, o incluso aniquila a otro sector del ser, en general siguiendo una lógica de salvaguardar el conjunto. Esto implica que la clase de manifestaciones sintomáticas serán producidas por el mismo organismo, aún sin conciencia de que lo hace. Se defiende. Por lo tanto, el tipo de intervención que se suele requerir, tiene que ver con el restituir el funcionamiento original del plan, “antes de que todo marchara mal”. Siguiendo a Wilber, (Wilber, 2000) asocio esta clase de intervenciones al concepto de “técnicas de descubrimiento” (diferenciándolas de las técnicas de emergencia), donde lo que se busca con la intervención propuesta consiste en desreprimir lo reprimido, reintegrar lo escindido o re-introyectar lo proyectado. En este sentido diré que se requiere de un proceso de psicoterapia para conseguir la expansión de la conciencia.
Por otra parte, en los problemas de Carencia el problema consiste en que alguna estructura no ha podido emerger como es debido, no por la represión de otra estructura , sino por una “falta de nutrientes” o “espacio de precipitación” adecuado para consolidarse y desarrollarse. En estos casos, la estructura no ha crecido y no se ha diferenciado, razón por la cual, se generan una serie de manifestaciones producto de esa carencia.
Esto implica una clase de intervenciones diferentes a las de los problemas de integración. En estos casos se requiere lo que Wilber ha llamado técnicas de emergencia, y si bien las mismas son distintas de acuerdo a cual sea el nivel en que sea preciso que la estructura emerja, el principio es el mismo: generar las condiciones- en los cuatro cuadrantes- que favorezcan dicha emergencia. Siguiendo esta idea, en estos casos lo que se requiere no consiste en una psicoterapia, sino en una re-educación vivencial para conseguir la expansión en la conciencia. A este proceso lo denominamos práctica integral.
Siguiendo esta idea, los niveles más allá del de neurosis existencial, en nuestra sociedad actual requerirán de “prácticas integrales” específicas para cada nivel que favorezcan la emergencia de estructuras de conciencia correspondientes.
Soy conciente de la importante confusión que existe hoy día respecto de estos niveles del ser y del modo vincular que más favorece su “despertar”. Así como de la crucial necesidad de distinguir experiencias de niveles superiores de las provocadas por regresiones a los niveles inferiores. Por lo tanto presentaré a continuación, el concepto de falacia pre/trans (Wilber 1999).




FALACIA PRE/TRANS
En un sentido técnico específico Ken Wilber ha definido la falacia pre/trans en relación a la confusión generada entre los dominios PREracionales y TRANSracionales de la conciencia. Al definir nueve niveles de conciencia:
1. los tres primeros son preracionales, preegoicos, prepersonales y en este sentido resultan no racionales.
2. los tres intermedios son racionales, egoicos, personales.
3. los tres últimos son transracionales, transegoicos, transpersonales y resultan no racionales al igual que los estadios pre.
Wilber ha señalado en sus observaciones que por el hecho de ser no racionales, los estadios primeros suelen confundirse frecuentemente con los últimos. En esta dirección, los modelos teóricos que podríamos denominar “elevacionistas” tienden a considerar en numerosas ocasiones, ciertas manifestaciones no racionales producto de niveles preegoicos de conciencia (como por ejemplo fantasías grandiosas narcisistas o incluso delirantes), como producto de niveles de conciencia superiores o transpersonales. O sea, tienden a “elevar” los primeros niveles de conciencia, hasta los últimos sin atravesar los niveles intermedios. De este modo, diversas manifestaciones fantasiosas y poco realistas (o incluso patológicas) son consideradas como experiencias auténticamente místicas y de carácter transpersonal.
Por otra parte, en numerosas ocasiones, las posturas racionalistas, tienden a confundir (y reducir) numerosas experiencias místicas auténticas a fantasías prepersonales de carácter imaginado o incluso patológico. En otras palabras, tienden a reducir los niveles superiores de la conciencia a manifestaciones de los inferiores, dado que, desde el nivel en que se encuentran, no cuentan con las herramientas apropiadas para realizar tal distinción. De esta manera, numerosas experiencias espirituales auténticas, son consideradas como meras fantasías producto de la imaginación de la persona que las experimenta.
Es por este motivo que el concepto de falacia pre/trans puede resultar de verdadera utilidad a toda aquella persona interesada en su desarrollo personal. Dicho modelo puede proporcionar interesantes indicadores a la hora de diferenciar una progresión o una regresión frente a una nueva clase de experiencia que accede a la conciencia.




CONCLUSIONES
P. Meehl, el prestigioso psicólogo clínico describía la Psicoterapia, hace más de 30 años, como “el arte de aplicar una ciencia que todavía no existe” (Feixas y Miró 1993). Dichos autores, opinan que esta paradójica definición de Meehl servía para poner de manifiesto la situación coyuntural tanto como para mostrar una aspiración legítima. Desde entonces, el área de los tratamientos psicológicos se ha desarrollado considerablemente, sin que ello haya requerido un consenso manifiesto en torno a una definición explícita del área. No obstante, “la búsqueda de una definición sistemática de la psicoterapia ha preocupado y sigue preocupando a los investigadores” (Feixas y Miró 1993). Sabemos que existen grandes diferencias entre las escuelas actuales de psicoterapia, tanto en su interpretación de los síntomas y sus estrategias terapéuticas, como en su descripción de la dinámica básica de la personalidad humana y su forma de abordarla. En lo que la gran mayoría de las escuelas suelen coincidir (y en esto podemos adoptar la metodología de Wilber respecto a la construcción de generalizaciones orientadoras (Wilber 1998) es en que el vínculo terapéutico juega un rol fundamental en cualquier proceso de psicoterapia más allá de la tecnología que cada modelo emplea para el cambio.
Cerraré entonces este artículo con esta idea: dado que la importancia del vínculo terapéutico es un tema en el que hay poca controversia, se me ocurre como un excelente punto de partida sobre el que enfocar nuestra atención a la hora de proponer alguna clase de intervención al sistema consultante. Más allá del diagnóstico “formal” que cada modelo provea como base para el diseño de las acciones terapéuticas, necesitamos dar cuenta de un modo racional de la clase de vínculo que vamos a elegir construir dada la problemática del sistema consultante.
He encontrado particularmente útil el modelo creado por Ken Wilber para utilizarlo como un metamarco que organice las observaciones más allá de cada teoría de psicoterapia, de modo de poder planificar la construcción del vínculo del mismo modo que planificamos el resto de las intervenciones; y como herramienta para comenzar a incluir de un modo auténticamente trans-racional la dimensión espiritual del ser humano.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS




Feixas, G.; Miró, M. T. Aproximaciones a la psicoterapia. 1era. Barcelona: Paidós; 1993
Wilber, K. Psicología Integral. 1ra. Barcelona: Kairós; 1994
Wilber, K. El Proyecto Atman. 2da. Barcelona: Kairós; 1996
Wilber, K. Sexo, Ecología, Espiritualidad. 1ra. Madrid: Gaia; 1996
Wilber, K. El ojo del Espíritu. 1ra. Barcelona: Kairós; 1998
Wilber, K. Los tres ojos del conocimiento. 3ra. Barcelona: Kairós; 1999.
Wilber, K. Una visión integral de la Psicología. 1ra. México D. F.: Alamah; 2000
Wilber, K. Diario 1ra. Barcelona: Kairós; 2000

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Diez preguntas acerca del enojo



Diez preguntas acerca del enojo. Norberto Levy



1- ¿Por qué nos enojamos?


Nos enojamos cuando algo nos frustra: desde algo tan pequeño como un atascamiento de tránsito hasta una amenaza a mi integridad física o mi honor. Los motivos son variadísimos y los grados de intensidad también, pero todos tienen un elemento común: debajo de cada enojo hay una frustración.


2- ¿Cumple alguna función el enojo?


Veamos un ejemplo: Un amigo me prometió que me devolvería un libro y cuando llega me dice que se olvidó. Mi deseo de recuperar el libro se frustra y ese deseo frustrado se convierte en enojo. La función esencial del enojo es darme más energía para enfrentar el obstáculo que produce mi frustración. El tema fundamental acá es si yo he aprendido a canalizar adecuadamente esa fuerza, o no. Ese aprendizaje es una de las tareas más significativas que los seres humanos necesitamos realizar.


3- ¿De donde surge la idea de que enojarse es algo malo?


Surge de todo lo que en general hacemos cuando no sabemos encauzar la energía del enojo. Me gusta citar una frase de Marco Aurelio, que en el siglo ll dijo: "¡Cuánto más penosas son las consecuencias del enojo que las causas que lo produjeron!". Es muy hermosa y sintetiza muy bien lo que es la inadecuada utilización de esa energía. Por esta razón es fundamental que distingamos dos tipos de enojo: el enojo que destruye y el enojo que resuelve. La idea que tenemos del enojo como algo malo es a partir del enojo que destruye, que es, lamentablemente, la manera más frecuente que tenemos de enojarnos. Pero por eso mismo es bueno saber que esa no es la única forma del enojo.


4- ¿En qué se diferencia una de la otra?


Volvamos al ejemplo del libro que mi amigo no trajo. El enojo que siento puedo encauzarlo en dos grandes direcciones. Puedo decirle: ¡Sos un egoísta, siempre el mismo irresponsable…sos un falso… en vos no se puede confiar…! En ese caso he utilizado mi enojo para herir, castigar y hacer sufrir a mi amigo por lo que hizo. Cuando hago eso, no es por maldad. Es porque creo que sentir y expresar enojo es así: insultar, castigar y hacer sufrir. Cuando reacciono de ese modo, el otro, en este caso mi amigo que se siente herido por lo que le dije, responde, generalmente con otro agravio: ¡Y vos siempre el mismo autoritario, crees que todos somos tus esclavos, sos un déspota! También me recuerda otras situaciones en las que yo lo herí y me dice: Vos sos el egoísta irresponsable y manipulador. ¡Sos un hipócrita! Y así seguimos, de insulto en insulto. La intensidad continúa creciendo, cada vez nos herimos más, y al rato estamos los dos lastimados y resentidos. Ninguno quiere saber más nada con el otro…. y el libro no lo recuperé. Este es un ejemplo del típico enojo que destruye. Es muy común oír después de una gran pelea en la que todos han quedado muy heridos: ¿Por qué era que empezó esta discusión?


5- ¿Cómo es el enojo que resuelve?


Allí dirijo ese plus de energía sobre el obstáculo que me frustra. En este mismo ejemplo le puedo decir a mi amigo, con toda la intensidad con la que lo sienta: ¡Estoy muy frustrado y enojado. Vos prometiste que me ibas a traer el libro y yo contaba con él. Lo necesito. Vamos a ver cómo me lo podés acercar. O llamás a alguien para que lo traiga o llamamos a una mensajería. ¡Fijate qué se te ocurre…! Y ahí me quedo esperando y demandando una respuesta. Cuando concentro mi energía en esa dirección el enojo cumple su propósito esencial: darme más energía para tratar de resolver el obstáculo que me frustra. Este tipo de enojo se apoya en dos pilares: expresar lo que siento ante lo que sucedió y demandar la respuesta que me "des-enojaría". Expresar la frustración y el enojo que me produce la situación es necesario para mí, para desahogar lo que me pasa y es necesario para el otro, para que pueda saber lo que me ocurre a mí ante lo que hizo, porque ese es además uno de los motores que lo ayudarán a cambiar su actitud. Cuando se cuánto le molesta a una persona mi impuntualidad eso es algo que me ayuda a que lo tenga en cuenta y me dispone a tratar de ser más puntual. Expresar lo que siento no quiere decir enjuiciar al otro. Son dos respuestas muy distintas que es necesario aprender a distinguir con claridad. Una cosa es decir: ¡estoy muy enojado por lo que hiciste! y otra muy distinta es decir: ¡Sos una basura, sos destructivo, una mala persona, una porquería! etc. En última instancia la esencia del enojo que resuelve es autoafirmarse con claridad, fuerza y respeto. Y para eso no es necesario descalificar ni agraviar, ni insultar. Me concentro en la acción que me frustra y demando una solución.


6- ¿Qué sucede cuando no puede haber reparación en el presente?


Por ejemplo cuando alguien llega tarde, me deja una hora esperando y eso no tiene arreglo porque ya ocurrió. En ese caso lo que uno puede hacer es, además de decir lo que siente, orientar la demanda hacia el futuro. Generar algún acuerdo para que no vuelva a ocurrir. La clave es descubrir en cada caso la situación que me des-enojaría. Yo sugiero a mis alumnos que cuando un enojo es intenso y los confunde se formulen la siguiente pregunta: ¿qué tendría que ocurrir acá para que mi enojo cese? Esa pregunta tiene la virtud de enfocar la mente sobre el punto central de la cuestión que es precisamente cómo se resuelve ese problema que me enoja.


7- ¿Qué pasa cuando la persona con quien estoy enojado es alguien a quien quiero?


Mucha gente cree que si le tengo afecto a una persona no puedo enojarme con ella, que tengo que cerrar los ojos y dejar pasar porque es: o el afecto o el enojo. Y en realidad no es así, es más bien todo lo contrario. Una de las cosas que más ayuda a hacer resolutivo el enojo es expresar el enojo con afecto. Puede parecer una contradicción insalvable en sí misma pero no es así, es simplemente recordar, cuando esa es la situación, que la persona con quien estoy enojado es alguien a quien, además, le tengo afecto. Entonces se pasa del: "Porque le tengo afecto no me puedo enojar" a "porque siento que le tengo afecto es que le puedo expresar mi enojo cuando lo siento".


8- ¿Cómo reaccionar ante el enojo de los demás?


Cuando uno aprendió a enojarse respetuosamente y lo hace, se da cuenta con más claridad cómo es el enojo del otro: si es resolutivo o destructivo (o cuánto hay de cada uno). Entonces puede distinguir qué parte de verdad puede haber en ese enojo y que reparación requiere y cuánto hay de enjuiciamiento, agravio o maltrato, que es parte de la inmadurez y la ignorancia de quien se enoja así. Cuando establezco esa distinción ya estoy en mejores condiciones de no quedar sometido al modo destructivo del enojo del otro.


9- ¿Cuál es la causa del enojo explosivo y desproporcionado con la situación?


Ese es el tema de la acumulación del enojo. Cuando uno no aprendió a expresar el enojo tiende a retenerlo, y se va acumulando. Entonces alguna situación menor activa el enojo acumulado y sale con una intensidad desproporcionada que desconcierta al otro, y a veces también a uno mismo. Por esto es bueno estar al día con los enojos, pero para eso es necesario haber aprendido a expresarlos de un modo resolutivo. Si no, inevitablemente uno tiende a callar por temor a complicar más las cosas.


10- ¿Qué sucede cuando el enojo es con uno mismo?


Uno no se enoja consigo mismo de un modo global si no con alguna parte de sí, por ejemplo: la parte insegura, miedosa, exigente, etc. Por lo tanto lo primero es descubrir con qué parte propia estoy enojado. Es útil imaginar que esa parte está enfrente y expresarle el enojo tal como lo siento. En el universo interior el enojo también puede ser destructivo o resolutivo. La mejor manera de saberlo es ponerse en el lugar de quien recibió ese enojo y observar cómo se siente al oírlo: si destruida o ayudada. Si se siente destruida, la tarea es clara: aprender a enojarme con ella de un modo tal que ese enojo le exprese mi desacuerdo de una manera que la enriquezca y la estimule a evolucionar en la dirección deseada. Ese aprendizaje es el mejor punto de partida para aplicarlo después en el trato con los otros y es, en última instancia la esencia de la Autoasistencia Psicológica, que consiste precisamente en aprender a relacionarme con la parte de mí que no me gusta de un modo que la ayude genuinamente a transformarse.

lunes, 1 de septiembre de 2008

La dignidad del miedo



Hola a todos

Les presento a Norberto Levy, nacido en Buenos Aires en 1936.

Es médico psicoterapeuta, graduado con Diploma de Honor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1961 y desde hace cuarenta años explora de un modo sistemático, en la clínica y en la docencia, los mecanismos de la autocuración psicológica.

Iré compartiendo con ustedes lo que piensa Norberto de las emociones, tópico que me interesa sobremanera, toda vez que soy y me acepto como tal, un típico Eneatipo 2 .

Hoy inicio la saga con el miedo, dado que no siempre actúa como emoción negativa, sino que muchas es sumamente positiva (el miedo no es tonto) y porque hoy tengo mucho miedo ante las elecciones de máxima y mínima que tengo que efectuar frente a la situación más significativa de mi vida.

Por lo tanto, aprendiendo, que no ocupa lugar.



• La dignidad del miedo.Norberto Levy




Así como en el plano físico cada órgano (hígado, cerebro, riñones, corazón) cumple una función específica y necesaria, en el universo emocional cada emoción cumple también una función de igual importancia.Existen emociones que nos informan acerca de lo que tenemos (alegría, gratitud, confianza, solidaridad, etc.) y otras que nos informan acerca de algo que nos falta (tristeza, miedo, envidia, culpa, etc.) A estas últimas se las suele llamar "negativas", y no lo son. Son en realidad valiosísimas señales que nos remiten a problemas que estamos experimentando en ese momento.
Por ejemplo, el miedo es la sensación de angustia que nos informa que hay una desproporción entre la amenaza que enfrentamos y los recursos que tenemos para encararla. Si el peligro tiene “valor diez” y los recursos son también “valor diez” no se producirá miedo. Si en cambio, los recursos son “valor cinco”, el miedo surgirá y será la señal que nos avisa de esa desproporción. En ese sentido podemos comparar al miedo con la luz roja del tablero del automóvil que se enciende e indica que hay poca nafta. El problema no es la luz sino lo que pone en evidencia: que falta combustible. La luz roja es una valiosísima señal que nos remite a resolver ese problema. Lo que necesitamos es aprender a tratar al miedo con la misma eficacia con que tratamos la luz del tablero, y eso es posible.


Creencias erróneas
Uno de los factores que perturba esa posibilidad son las creencias equivocadas que tenemos acerca del miedo. En general pensamos que es una “emoción negativa”, que es señal de debilidad y cobardía, que es mejor no escucharlo porque sino no haríamos nada, que los hombres no tienen miedo… que el problema es el miedo y que si por el camino que fuera lográramos no sentirlo, no tendríamos las angustias estériles que el miedo nos trae. Cuando nos apoyamos en esas ideas tapamos y maltratamos al aspecto miedoso y ahí es cuando el miedo comienza a convertirse en un problema que paraliza y hace sufrir.


Qué hacemos con el miedo
Es bueno recordar que no sólo sentimos miedo sino que a continuación reaccionamos ante ese miedo que sentimos, y podemos sentir vergüenza, rabia, desprecio, impotencia o miedo por tener miedo. Es decir, se produce una reacción emocional en cadena, y lo interesante es que según sea esta segunda reacción será el destino del miedo original.Si nos da miedo sentir miedo tratamos de suprimirlo porque nos parece que nos va a sobrepasar y desorganizar. Si nos da rabia nos enojamos con la parte miedosa y solemos retarla y castigarla. Si nos avergüenza, la escondemos. Y así, cada una de estas segundas reacciones produce una actitud específica hacia el miedo original. A la parte miedosa se le agrava entonces su condición y tiene dos amenazas: la externa (el examen, la enfermedad, el rechazo, o lo que sea el motivo del miedo) y la interna, que es la propia reacción interior.


La reacción interior
Matías me consultó por miedo a la soledad. Le pregunté: “Si imaginaras que esa parte miedosa estuviera enfrente ¿qué le dirías? ...y mirando hacia ese espacio le dijo: “¡estoy harto de ese miedo absurdo que tenés que no me deja vivir... me dan ganas de abofetearte para que despiertes...!”Lo invité entonces a que tomara el lugar de la parte miedosa y viera cómo se sentía al escuchar eso. Desde ahí respondió: “Ahora me siento peor y más solo que antes...”Esta es una de las típicas reacciones interiores que agravan el miedo original. En ella se suman el enojo ignorante que cree que abofeteando a la parte miedosa la va a transformar, y la creencia, ignorante y frecuente también, de que hay miedos absurdos.Ambas forman parte de la evaluación que hacemos acerca de lo que sentimos, y esta evaluación es continua, seamos o no, concientes de ello. Algunas de esas reacciones nos ayudan efectivamente a cambiar y otras, como las que describimos recién, nos dejan más asustados que antes.
Y esto es así no porque el evaluador sea malo sino porque es ignorante y no sabe cómo ayudar. Nosotros somos los dos, tanto el que tuvo miedo como el que lo evalúa. Somos ese equipo, y según cómo se relacionen entre sí será nuestro destino psicológico: insatisfacción crónica o crecimiento.Y dado que es una función tan importante ¿Qué puede hacer el evaluador, por ejemplo ante el miedo, para aprovechar esa emoción en lugar de sólo padecerla?
Primero: Legitimarla y escucharla. Legitimar no es consentir. No es: "Está todo bien, y... a otra cosa". Eso anestesia pero no ayuda. Legitimar quiere decir que se reconoce que hay un problema, pero que quien lo padece no merece reproche por eso, sino ayuda. Hay personas que dicen: "Yo no escucho a mi parte miedosa porque si la oyera nunca haría nada". Esa actitud funciona durante un tiempo muy corto pero la parte miedosa no escuchada y maltratada sigue creciendo y en algún momento, activada por una situación tal vez menor, irrumpe de golpe con todo el miedo acumulado y se produce lo que conocemos como crisis de pánico.Podríamos compararlo con una angina. Si la reconocemos y asistimos, llega hasta ahí y remite. Si no escuchamos ni atendemos esa señal, crecerá y se hará neumonía.La crisis de pánico es el equivalente psicológico de esta neumonía.
Segundo: Una vez que la hemos escuchado, preguntarle: ¿Cómo necesitás que te trate y te hable para que puedas sentirte acompañada y ayudada por mí? Es importante saber que si se le da el tiempo suficiente, esa parte miedosa lo va descubriendo, y la experiencia clínica muestra que ese trato que necesita, en la mayoría de los casos no coincide con el que recibe diariamente.
Tercero: Intentar tratarla como lo acaba de pedir. Eso se logra cuando el evaluador interior se conecta con un componente esencial de su rol, y es que su tarea consiste en evaluar para enriquecer, no para destruir a lo evaluado.


Que una parte de uno mismo le hable a otra y después esa otra le conteste, tal como ocurre entre dos personas, parece algo extraño, pero de hecho esa conversación interior existe, aunque no la percibamos con claridad. Este ejercicio intenta amplificar esas voces y transformar su antagonismo en cooperación. Cuando hay cooperación interior entre el evaluador y el evaluado se va pudiendo encontrar, ante cada situación que despierta miedo, cuáles son los recursos psicológicos que faltan para poder enfrentarlo y cómo desarrollar dichos recursos. Y cuando tales recursos no se pueden desarrollar, la retirada, al ser consensuada, deja de ser conflictiva pues forma parte del derecho que me asiste de elegir las condiciones más propicias para mi desempeño. Como dice el I-Ching: Saber emprender correctamente la retirada no es signo de debilidad sino de fortaleza… En la medida en que uno se ejercita en el despliegue de estos diálogos interiores, el miedo va recuperando su dignidad original perdida y vuelve a ser la valiosísima señal de alarma que es.







viernes, 15 de agosto de 2008

Un cuento sufi para tu trimesaversario


Felices 3 meses, hijo mío

Mami ha estado algo ocupada en resolver cuestiones vitales

Por eso me he ausentado un tiempito

La vida fuera de estas cuatro paredes es demandante de horas, dedicación, energía, esfuerzo, lucha, logros...

Ven, siéntate aquí junto a mí, te contaré un cuento sufi, que empieza así:

"Existió un viajero que tuvo que hacer una larga travesía, ató su animal a un carro e inició la marcha hacia un largo destino, con un límite fijo de tiempo. Al animal lo llamó Necesidad, al carro Deseo, a una rueda la llamó Placer y a la otra Sufrimiento.
Así pues el viajero llevaba su carro a derecha e izquierda, pero siempre hacia su destino.
Cuanto más velozmente iba el carro, más rápidamente se movían las ruedas del Placer y el Sufrimiento, conectadas como estaban por el mismo eje y transportando como estaban el carro del Deseo.
Como el viaje era muy largo y nuestro viajero se aburría, decidió entonces decorarlo, ornamentarlo con muchas bellezas.
Pero cuanto más embelleció el carro del Deseo más pesado se hizo para la Necesidad, de tal manera que en las curvas y en las cuestas, el pobre animal desfallecía no pudiendo arrastrar el carro del Deseo.
En los caminos arenosos las ruedas del Placer y el Sufrimiento se incrustaban en el piso.
El viajero desesperado, porque el camino era muy largo y estaba muy lejos su destino, decidió meditar sobre el problema y, al hacerlo, escuchó el relincho de su viejo amigo.
Comprendiendo el mensaje, a la mañana siguiente desbarató los adornos del carro, lo alivió de sus pesos y muy temprano llevó al trote a su animal avanzando hacia su destino. No obstante , había perdido un tiempo que ya era irrecuperable.
A la noche siguiente volvió a meditar y comprendió, por un nuevo aviso de su amigo, que tenía ahora que acometer una tarea doblemente difícil, porque significaba su desprendimiento.
Muy de madrugada sacrificó el carro del Deseo.
Es cierto que al hacerlo perdió la rueda del Placer, pero con ella perdió también la rueda del Sufrimiento.
Montó al animal de la Necesidad, y sobre sus lomos, galopó por las verdes praderas hasta llegar a su destino."

viernes, 1 de agosto de 2008

No te dejes engañar por mí


A veces sucede que me encuentro con mi propia pluma en internet.
Yo misma no salgo de mi asombro.

Hemos escrito tanto...

Hubo épocas en que por pudor guardábamos el anonimato.

O usábamos nombres de fantasía.

Lejanos tiempos en que solíamos pensarnos minúsculas, por contraste. Soy consciente que estoy usando el nos de la reyecía, que, desde ya, no deja de ser una máscara.

Nos avergonzábamos?
No lo sé, aún, a ciencia cierta.

Baja autoestima?
Seguramente.


Pánico a la exposición pública?
Por cierto.

Perfeccionismo implacable en el sí mismo?
Sin duda alguna.

Más cercanamente hemos hablado de anonimato y máscaras
¿Casualidad? Pues, sencillamente, no existe.

Y, volviendo a la primera persona del singular: he probado distintos accesos, me he desviado de la carretera principal, he resignado la inmediatez en procura de una distancia beatífica y salvadora, he caído, he rodado, me he levantado, me he superado, estoy aquí

Entonces, amigo, simplemente porque te ha conmovido, aquí va:

No te dejes engañar por mí, por la máscara que uso.
Porto miles de ellas, caretas que temo quitarme, y ninguna de ellas soy yo.

Fingir es un arte y para mí es instintivo, pero no te dejes embaucar.

Doy la impresión de que me siento segura, que todo es luminoso y sin problemas, que las aguas están en calma, que tengo el control de las cosas y que no necesito a nadie.

Pero no lo creas, por favor no lo hagas.

Mi superficie parece serena pero es una máscara y tras ella no hay seguridad alguna.
Tras ella está mi verdadero yo, con su confusión, temor, soledad.
Pero esto es algo que oculto.
No quiero que nadie lo sepa.

Siento pánico sólo al pensar que mis debilidades queden expuestas.
Por ello uso un antifaz, para ocultarme, para ayudarme a fingir, para cubrirme de la mirada que me descubra.
Temo que ésta no esté guiada por el amor y la aceptación, pienso que me menospreciará, que se reirá, que su risa me matará.

Siento temor de que en el fondo no sea nada, que no sirva y que te percates de ello y me rechaces.

Así despliego mis juegos, mis desesperados juegos en los que actúo con una fachada de seguridad en el exterior y un niño tembloroso en el interior.

De esta manera, mi vida se convierte en una fachada.
Converso con los suaves tonos de la charla circunstancial, hablo de todas las cosas, que en realidad no son nada, nada de lo que llora en mi interior.
Por ello, cuando hable no te dejes enredar por lo que diga. Por favor, escucha cuidadosamente e intenta oír lo que no estoy diciendo, lo que me gustaría expresar, lo que, para sobrevivir, necesito exclamar pero no puedo.

No me gusta ocultarme.

Sinceramente me disgusta, como me molestan los actos superficiales y falsos con que juego.

Desearía ser genuina, realmente me gustaría ser genuina, espontánea, yo misma.

¿Puedes ayudarme? Hazlo tendiéndome tu mano, aun cuando sea lo último que al parecer quiero o necesito
Cada vez que eres generoso, gentil y alentador, cada vez que intentas comprender –porque realmente te preocupo-, a mi corazón comienzan a salirle alas, muy pequeñas, muy débiles, pero alas al fin y al cabo.

Con tu sensibilidad, simpatía y capacidad de comprensión, puedo lograrlo. Alientas vida en mí.

No será fácil.

Una condición de invalidez, sostenida desde hace mucho tiempo construye fuertes muros; pero el amor es más fuerte que ellos y ahí radica mi esperanza.

Por favor, intenta derribar esos obstáculos con manos firmes y a la vez suaves. Un niño es muy sensible, y yo lo soy.

¿Quién eres?
Te preguntarás.

Soy alguien que conoces muy bien.
Soy cualquier hombre, mujer, chiquillo o ser humano que conozcas.



https://www.youtube.com/watch?v=HrKmpjtluEY&list=PLVhwmrNoGybiYyC0AB_Ap1J-BUfVS6VOV&index=1

jueves, 31 de julio de 2008

El pensamiento creativo

Este tema es fascinante:


¿Necesitamos del pensamiento dualista, lógico-analítico, secuencial y temporal-que según Freud es un proceso secundario- para analizar al mundo que nos rodea?
A su vez, el pensamiento onírico, donde se suspenden los códigos del pensamiento racional -o proceso primario para Freud- nos muestra una lógica no aristotélica, una lógica indiferente a las leyes de la identidad y de la contradicción, cuya forma de razonar está ligada a la emoción y su simbolismo es pre-verbal y arcaico.
En este tipo de pensamiento la contradicción se hace presente, y pueden coexistir elementos completamente antitéticos, ya que no hay allí cabida para la consciencia del conflicto y no nos damos cuenta de las incongruencias o no nos hacemos cargo de las mismas. Por ende, podemos soñar lo que queramos, aunque resulte disparatado para nuestro pensamiento de vigilia.
¿Echamos mano en el proceso creativo al pensamiento jánico? Este tipo de pensamiento combina la racionalidad y la lógica propias del estado de conciencia y por ende es un tipo especial de operación del proceso secundario, pero hace uso de mecanismos del pensamiento onírico, utilizando material inconsciente
¿Dónde se insertan las experiencias místicas o espirituales del ser humano?
¿Provocaron las teorías contradictorias de Faraday y Maxwell-Lorentz, mediante la aceptación y superación consecuente de ambos pensamientos contradictorios, un salto no-dualista en Einstein que lo lleva a enunciar la Teoría de la Relatividad?
¿Qué podemos decir de las personas creativas?

Veamos el artículo
Mir

Conferencia impartida por el Prof. F. J. Rubia Vila en la Real Academia Nacional de Medicina – 16.V.2006
Sobre creatividad

Solemos admirar las obras de un pintor, las piezas musicales de un compositor, los poemas de un poeta o los descubrimientos científicos porque estamos convencidos de que, detrás de cada una de esas obras hay una persona creadora.

A mi entender, no deberíamos utilizar la palabra ‘creadora', cuya primera acepción en el diccionario de la lengua es “producir algo de la nada”, ya que la nada no es otra cosa que una creación más de nuestro cerebro. Que yo sepa, hasta ahora nadie ha visto la nada y su definición como ‘carencia absoluta de todo ser' no es ni siquiera imaginable. Por ello, crear no puede ser producir algo de la nada.

Sólo en las artes utilizamos el término crear para designar lo que en el diccionario de la lengua se aplica a crear en una segunda acepción, a saber, “establecer, fundar, introducir por vez primera algo nuevo”. Sin embargo, en ciencia solemos hablar no de creación sino de descubrimiento y descubrir es “destapar lo que está tapado o cubierto”. Quizás por eso se dice en el Eclesiastés que no hay nada nuevo bajo el sol.

Estamos hablando de un mismo proceso: el proceso creativo, y, sin embargo, en un caso decimos que algo surge de la nada, y en el otro que estamos destapando, descubriendo algo que ya estaba ahí. ¿Cuál de las dos interpretaciones es la verdadera?

En mi modesta opinión, de lo que no existe no puede surgir algo que tenga existencia, de forma que, para mí, el proceso creativo no es otra cosa que una combinación nueva de pensamientos, sonidos, palabras, formas o colores, ya existentes, por supuesto, en nuestro cerebro de forma potencial.

Ahora bien, la combinación nueva de pensamientos es común a muchas personas que, sin embargo, no son creativas. ¿Cuáles serían entonces las características que distinguen a las personas creativas de las que no lo son?

La creatividad es, sin duda, una de las conductas más complejas que puede tener el ser humano y, por tanto, estamos aún lejos de entender sus bases neurobiológicas. Pero todos estaríamos de acuerdo al afirmar que si pudiésemos encontrar no sólo esas bases orgánicas, sino también el modo de desarrollarlas habríamos recorrido un camino extraordinario en la mejora del rendimiento de nuestra especie.

En condiciones normales, las personas no son creativas, lo que implica que el acto de creación es algo insólito y poco frecuente. Solemos entonces hablar de inspiración cuando una nueva idea o concepto aparece de repente ante nosotros y nos conduce a cualquier tipo de creación.

El escritor húngaro Arthur Koestler en su libro “El acto de la creación” dice que hay dos formas de escapar a nuestras rutinas de pensamiento y conducta. La primera es zambullirse en el ensueño o estados similares, donde los códigos del pensamiento racional quedan suspendidos. Y la otra manera de escapar es en dirección opuesta, es la caracterizada por el momento espontáneo de la intuición que conlleva la creatividad.

La primera vía de escape significaría una regresión a niveles más antiguos, más primitivos de ideación, mientras que la segunda, que es la que aquí hoy nos interesa, es un ascenso a un nivel nuevo, más complejo de la evolución mental.

En la obra citada de Koestler, el acto creativo del humorista, por ejemplo, se caracteriza porque crea una momentánea fusión de dos matrices, dos niveles de pensamiento que habitualmente son incompatibles. De forma similar, podría describirse también el descubrimiento científico o la creación artística.

Uno de los ejemplos que Koestler utiliza para confirmar sus aseveraciones es, en el terreno humorístico, la siguiente anécdota atribuida al académico francés del siglo XVIII Chamfort: Un marqués de la corte de Luis XIV, al entrar en el boudoir de su esposa, la encuentra en brazos de un obispo y sin decir palabra se dirige a uno de los ventanales del palacio, lo abre y comienza a impartir bendiciones al pueblo en la calle. La angustiada esposa le grita: Pero, ¿qué estás haciendo? A lo que el marqués tranquilamente responde: “Monseñor está usurpando mis funciones, así que yo realizo las suyas”.

La historia se mueve en dos planos, o matrices, de pensamiento: la una es una historia de adulterio que es, de pronto, sustituida por una reacción totalmente inesperada del marqués, lo que hace que la tensión se relaje y surja la risa. Es lo que Koestler llama “bisociación”. Dos historias, antes incompatibles, aparecen juntas creando hilaridad.

Esta bisociación o conjunción de dos planos de pensamiento incompatibles, opuestos, no es nada nuevo; ocurre constantemente durante el ensueño, en donde no reina la lógica ni el pensamiento dualista característicos del estado de vigilia consciente. La yuxtaposición de términos antitéticos, la falta de consciencia de que existe un conflicto o una incongruencia, son características del ensueño. La lógica del ensueño no es la lógica aristotélica, es indiferente a las leyes de la identidad y de la contradicción, su forma de razonar está ligada a la emoción y su simbolismo es pre-verbal y arcaico.

Como he expresado en otro lugar, a este tipo de pensamiento onírico Freud le llamó proceso primario para distinguirlo del proceso secundario, que es el pensamiento lógico-analítico que usamos durante la vigilia consciente.

El pensamiento en el proceso primario significa una superación del dualismo que nos recuerda otra experiencia humana parecida, al menos, en esta característica. Me refiero a la experiencia mística o espiritual, en la que la persona se une con la divinidad, con la naturaleza o con los animales, se identifica con ellos, perdiendo la consciencia del yo como algo separado del mundo.

Así, pues, llegamos a considerar que la persona creadora supera también las contradicciones, por lo que se asemeja tanto al místico como a la persona en estado onírico. Ahora bien, que sepamos, ni el místico se ha caracterizado por ser una persona creadora, ni la inmensa mayoría de los ensueños conduce a una intuición creadora. He dicho la inmensa mayoría, porque hay ejemplos, como el del químico alemán August Kekulé von Stradonitz, que soñó con uno de lo que Carl Gustav Jung llamaba arquetipos, a saber, con el uroboro, la serpiente que se muerde la cola, descubriendo así la estructura del anillo de benceno.

Uno de los autores que más han estudiado la creatividad desde el punto de vista psicológico ha sido el psiquiatra norteamericano Albert Rothenberg que fue profesor en Harvard. Este autor considera que el proceso creativo es la imagen especular del ensueño, imagen que tiene que ser similar al objeto que refleja, pero que tanto biológica, como psicológica y socialmente es el reverso del ensueño.

¿Por qué dice esto Rothenberg? Pues porque la persona creativa utiliza conscientemente los mecanismos y procesos característicos del pensamiento onírico para abstraer, conceptuar y concretar, pero así también para revertir los efectos de la censura consciente.

El sujeto creador emplea la lógica característica de la vigilia consciente, los procesos de su pensamiento son similares a lo que Freud llamó proceso secundario, pero prestando también atención a los factores que son importantes en el pensamiento inconsciente, alterando las secuencias temporales, desplazando y comprimiendo. El sujeto creador utiliza, pues dos procesos específicos de pensamiento que son similares, pero inversos, de manera simultánea.

Si el pensamiento onírico produce imágenes y secuencias confusas, caóticas e ilógicas, el proceso creativo produce orden e imágenes y metáforas significativas, así como conceptos claros.

Una característica del proceso creativo es revertir los efectos de la censura inconsciente, de manera que, por ejemplo, en la creación artística, encontramos mucho material inconsciente y que contribuye a su valor intrínseco.

Pero la contribución que, a mi entender, es más significativa del análisis que Rothenberg hace del proceso creativo es haber formulado que la persona creadora se guía por un tipo de pensamiento que él llama “jánico”, término basado en las cualidades del dios romano Jano, dios cuyas muchas caras miraban en varias direcciones al mismo tiempo y que, por ello, da el nombre al mes de Enero, January en inglés, por mirar hacia el pasado y el futuro simultáneamente.

Según Rothenberg, el pensamiento jánico se caracteriza por concebir activamente dos o más ideas, imágenes o conceptos opuestos simultáneamente. Los conceptos opuestos o antitéticos se conciben como existentes uno junto al otro, o igualmente operativos y verdaderos. Es un pensamiento complejo, diferente del pensamiento dialéctico, de la ambivalencia y de los pensamientos de niños o esquizofrénicos.

Para poner un ejemplo, me voy a referir a un trabajo que Rothenberg publicó en 1971 en donde acuñó por vez primera el término “jánico” para el pensamiento creativo de Albert Einstein. En este trabajo, Rothenberg cita un ensayo de Einstein publicado en 1919 con el título: “La idea fundamental de la relatividad general en su forma original”. Este ensayo fue descubierto por Gerald Norton en los papeles de Einstein, que fueron luego coleccionados para una publicación posterior por la Princeton University Press. Y, refiriéndose a las teorías contradictorias de Faraday y Maxwell-Lorentz, escribía: “En el desarrollo de la relatividad especial, un pensamiento – no mencionado previamente – relativo a la obra de Faraday sobre inducción electromagnética jugó para mí un papel decisivo. Según Faraday si un magneto está en movimiento relativo respecto a un circuito conductor, se induce una corriente eléctrica en este último… Todo es lo mismo, se mueva el magneto o el conductor; sólo el movimiento relativo cuenta, según la teoría de Maxwell-Lorentz. Sin embargo, la interpretación teórica del fenómeno en estos dos casos es muy diferente: Si es el magneto el que se mueve, en el espacio existe un campo magnético que cambia con el tiempo y que, según Maxwell, genera líneas cerradas de fuerza eléctrica – es decir, un campo eléctrico físicamente real; este campo eléctrico pone en movimiento masas eléctricas movibles (es decir, electrones) en el conductor. Sin embargo, si el magneto está en reposo y se mueve el circuito conductor, no se genera campo eléctrico; la corriente se genera en el conductor porque los cuerpos eléctricos que se transportan en el conductor experimentan una fuerza electromotriz, como estableció hipotéticamente Lorentz, a causa de su movimiento relativo respecto al campo magnético. El pensamiento de que estemos tratando aquí con dos casos fundamentalmente diferentes fue para mí insoportable. La diferencia entre estos dos casos no podía ser una diferencia real, sino más bien, en mi convicción, sólo podía ser una diferencia en la elección del punto de referencia”. Así nació la teoría general de la relatividad.

Einstein se refiere, pues, a dos pensamientos contradictorios que él supera aceptando ambos, o, con otras palabras, dando un salto no-dualista en su pensamiento.

El pensamiento jánico tiene lugar en plena consciencia, con plena racionalidad y facultades lógicas plenamente operativas, por tanto, es un tipo especial de operación de proceso secundario. Pero que hace uso de mecanismos del pensamiento onírico, aprovechándose del material inconsciente.

Los griegos algo de esto ya sabían cuando crearon el mito de Tiresias. Según este mito, Tiresias era un sacerdote de Zeus y, siendo aún un hombre joven, se encontró a dos serpientes copulando; golpeó a la hembra en la cabeza con su bastón y al punto se convirtió él mismo en mujer. Transformado en mujer, se hizo sacerdotisa de Hera, se casó y tuvo varios hijos, entre ellos su hija Manto, que en griego antiguo significa vidente, profeta. Tras siete años de ser mujer, Tiresias se encontró de nuevo a dos serpientes copulando y esta vez golpeó con su bastón la cabeza del macho, convirtiéndose de inmediato de nuevo en hombre. Como resultado de sus experiencias en ambos sexos, Zeus y Hera le plantearon la pregunta de quién de los dos sentía más placer en el acto sexual, si el hombre o la mujer. Zeus era de la opinión que era la mujer y Hera sostenía que era el hombre. Tiresias se colocó del lado de Zeus diciendo que en una escala del uno al diez la mujer gozaba seis veces frente a sólo una el hombre. Irritada por la respuesta, Hera lo dejó ciego. Como Zeus no quiso deshacer lo que la diosa había hecho, le concedió el don de la profecía.

De nuevo, aquí se intuye que la conjunción de dos contrarios, en este caso el hombre y la mujer, lo masculino y lo femenino, son capaces, cuando se poseen ambos, de adquirir facultades extraordinarias como son la videncia y la profecía.

Otra característica del proceso creativo es lo que se ha llamado pensamiento homoespacial, que consiste en concebir activamente dos o más entidades discretas ocupando el mismo espacio, una concepción que lleva a la articulación de nuevas identidades. Dependiendo de dónde se manifiesta este proceso creativo, se trataría de la superposición de sensaciones discretas, patrones de sonidos, palabras escritas, imágenes visuales, etc. Se suele dar este fenómeno mucho más corrientemente en las artes.

Algo parecido a lo referido sobre Einstein ocurrió con Charles Darwin. Veamos aquí su propia descripción de las circunstancias en las que tuvo lugar este salto de pensamiento, el salto teórico creativo. Tras un largo tiempo de búsqueda de la formulación apropiada (unos cuatro años según su propia biografía), constató lo siguiente: “Tuve la ocasión de leer por pura diversión a Malthus, su libro sobre Poblaciones”, y, tras algunas frases dice Darwin: “y de pronto se me ocurrió…”

El hecho de que Darwin estuviese leyendo a Malthus cuando descubre su idea de la selección natural se ha interpretado siempre como algo extraño y paradójico, dado que el elemento principal de la tesis de Malthus era que el crecimiento sin trabas de la población humana en un entorno fijo llevaría a la exterminación de la especie por la lucha por la existencia. Sin embargo, vemos a Darwin postular lo contrario, es decir, que esa lucha por la existencia resulta en el aumento y la perfección de las especies respecto al entorno. Probablemente Darwin aceptó y entendió la idea de Malthus de que la lucha por la existencia podría llevar a la destrucción de la especie, pero pensó también en lo contrario, que podría conducir a la selección adaptativa. De acuerdo con Rothenberg, estaríamos de nuevo ante una manifestación del pensamiento jánico.

En otro orden de cosas, siempre se ha postulado que, como algunas personas creativas han estado gravemente enfermas con enfermedades psíquicas, el genio y la locura deberían ser estrechos aliados. Sin embargo, recientemente Eduardo Monteverde, médico patólogo, novelista y periodista científico, en su libro “Los fantasmas de la mente” rompe ese mito de que hay que ser enfermo mental para poder crear. Y plantea que las personas creativas poseen los siguientes seis rasgos: 1. Son gente fuera de lo convencional, lo que significa que no se conforman con los estándares de la sociedad; nadan contra corriente y tienen ideas originales que colocan el mundo al revés. 2. Son personas individualistas, que suelen estar “fuera de época”, por lo que la mayoría de sus trabajos son reconocidos una vez muertos. 3. Son personas altamente inteligentes que suelen tener dificultades interpersonales. 4. Son personas proactivas que no pueden estar sin hacer nada, que sienten un fuego en su interior que les lleva a crear belleza o mejorar el mundo. 5. Son personas visionarias, con una visión que guía su conducta y que les hace incluso a veces entregar sus vidas por ella. 6. Son personas intuitivas, que están mucho más en relación con sus sensaciones internas que el resto de las personas.

En cualquier caso, no pensemos que la persona creativa es alguien que no necesita preocuparse del tema en cuestión para recibir esa chispa de inspiración que le lleve a la creación de algo nuevo. Thomas Edison decía que la invención era en un 99 por ciento perspiración y en un uno por ciento inspiración.

Hace ya unos años, en este mismo lugar, me referí a los mitos de la creación, planteando que el origen del pensamiento dualista estaba bien expuesto en ellos, ya que de un dios andrógino, a veces con la creación de dioses gemelos con características antitéticas, nacían los demás dioses. Los dioses creadores, pues, en las mitologías de las más diversas culturas, representan la unidad de los contrarios, contrarios que luego se manifiestan posteriormente en el marco de la propia creación. Por tanto, también aquí parece que el pensamiento que Rothenberg ha llamado “jánico” sea el pensamiento que ha llevado a los diferentes pueblos de la tierra a colocarlo como fuente de la creación de sus mitos.

Suzuki, un maestro del budismo Zen lo explica de la forma siguiente; “En tanto que este mundo, concebido por la mente humana, es el reino de los opuestos, no existe una vía de escape de él, pero los budistas pretenden entrar en un mundo del vacío, donde todos los opuestos se supone que se funden”.

Vivimos, pues, en el pensamiento del proceso secundario de Freud, en el pensamiento lógico-analítico, dualista, secuencial y temporal, que caracteriza las funciones del hemisferio izquierdo del cerebro. Con este pensamiento hemos alcanzado grandes conquistas. El poeta William Blake en su obra con un título opuesto y yuxtapuesto titulado “Bodas del Cielo y del Infierno” afirma inequívocamente: “Sin contrarios no hay progresión”. Es muy posible que el pensamiento dualista sea necesario para analizar el mundo que nos rodea; en mi opinión corresponde a una categoría de la mente que se le escapó a Kant y que es innata. Lo que el psiquiatra norteamericano Eugene D'Aquili llamaba el “operador binario”. Toda la historia de la filosofía está impregnada de dualismo. Pero ya Heráclito, que subrayaba la unidad de los opuestos o su constante igualdad frente al conflicto, utilizó el término “enantiodromia”, es decir, que los opuestos fluían el uno en el otro, para describir un principio o ley general.

Hemos visto que el proceso creativo necesita precisamente la superación de esa forma de pensamiento, la superación del dualismo, el pensamiento “jánico” que nos permite pensar dos ideas o conceptos contrapuestos de forma simultánea.

Finalmente quisiera exponerles algunas de las teorías recientes sobre la creatividad. La teoría de Kris propone que las personas creativas son mejores en alternar entre el proceso primario y el proceso secundario de pensamiento. Recordemos: el proceso primario es el que rige en la ensoñación mientras que el proceso secundario es el pensamiento abstracto, lógico-analítico. Mendelsohn propuso que las diferencias individuales en el foco de atención eran la causa de las diferencias de creatividad. Si alguien puede atender sólo a dos cosas al mismo tiempo podrá descubrir una analogía, si puede atender a cuatro cosas al mismo tiempo podrá descubrir seis analogías, etc. Mednick propuso que las personas creativas poseían jerarquías asociativas que les permitían realizar más asociaciones a un estímulo. En realidad, las tres teorías son más o menos idénticas, pero expresadas de manera diferente.

Se ha planteado que el hemisferio derecho del cerebro opera con procesos primarios de pensamiento, mientras que el izquierdo lo hace con procesos secundarios. Por eso, algunos autores han planteado que el equilibrio interhemisférico es crucial para la creatividad. En estado de reposo, el hemisferio izquierdo suele estar más activo que el derecho. Por tanto, tareas que activen el hemisferio derecho pueden producir ese equilibrio entre los dos hemisferios.

No obstante, el hecho de que la percepción y la producción musicales estén mejor localizadas en el hemisferio derecho, así como que este hemisferio esté más implicado en la producción de imágenes mentales, hace sospechar que es este hemisferio derecho el que mejor está conectado con la creatividad.

Un fenómeno ya mencionado entre las características de las personas creativas es lo que se ha llamado desinhibición cognitiva. Sabido es que la inhibición cognitiva es una de las funciones del lóbulo frontal, más correctamente de la corteza prefrontal. Y efectivamente se han registrado ondas lentas, tipo theta, sobre el lóbulo frontal en personas creativas.

Resumiendo, pues, podemos decir que hoy por hoy la inspiración creativa es un estado mental donde la atención está desfocalizada, el pensamiento es de proceso primario y secundario, jánico, asociativo y que es capaz de activar un gran número de representaciones mentales simultáneamente. Este estado puede presentarse de tres maneras: por bajos niveles de actividad cortical, por mayor activación del hemisferio derecho comparativamente con el izquierdo y por bajos niveles de activación de la corteza prefrontal.
Redactado por Francisco J. Rubia el martes 29 Julio 2008 a las 10:33
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