miércoles, 17 de agosto de 2011

Leyendo tus poemas







Leyendo tus poemas


Detrás de tu cabeza,
por  la ventana abierta,
la  tarde se detuvo
Tu voz inundó el cuarto
con olas de tibieza,
tan queda, tan susurro,
temblándome en el cuerpo
Leías tus poemas
Yo, asida a la espesura
de tu oscura mirada
pude salvar el vértigo
de ese sutil embrujo
que modelaba
estrellas sonoras en tu boca
¡Qué mágico galope
de vida en tus palabras
artesano de ensueños!
Lograste aprisionar
las cosas cotidianas
cavando en lo profundo
el diamante final
de cada estrofa.
Dejaste de leer y fue el silencio
Quedé unos instantes
ajena a ese mundo
del que nos separaba
la callada silueta de una puerta
Y en ese otro lenguaje
que sólo hablan los ojos,
posiblemente el único
que entienden los poetas,
te dije la belleza
que dejaste en mi alma
Después salí a la tarde
a desandar veredas
Supe inmediatamente
Que una parte de mí
no habitaba mis pasos
Estaba aún allí
cautiva de tu voz,
leyendo tus poemas.

MIR

A alguien que me sabe


A alguien que me sabe



De todas maneras
veníamos arrastrando la urgencia
de ponernos un nombre,
a más de esa pasión común
por los juegos sutiles,
malabarismo de palabras
y de miradas
-que siempre dicen más y mejor-
Ligeramente, como restándole importancia,
nos fuimos ubicando mutuamente.
Si hubiera habido  opción
me habría gustado quedar a tu costado
para que mi presencia te fuera
un simple entornar los ojos cada vez.
En cambio, este espacio abierto,
como una mano estirada que mendiga,
me sabe a demasiado dilatado,
demasiada soledad deshabitada.
Sin embargo entiendo
que no podría ser de otra manera.
La consigna es no ser tan sólo esto
pero tampoco mucho más.
Simplemente dos saetas
esperando ser lanzadas al unísono
para volver al mismo lugar,
la misma expectativa,
después de abrevar
la gloria de lo efímero

MIR

Búsqueda II





Búsqueda II


Porque hay azahares
licuándose en el aire
y mi piel nació naranjo esta mañana
Porque el día me mira desde el cielo
con sus ojos ávidos de agua
Porque estoy buscándote …

Porque mis brazos inventan con premura
tu espalda ausente
Y tomé un barco que zarpaba
hacia el país de la ternura
por un río de luz incandescente
Porque aún no te hallo

Porque vi cien lunas
donde había números
y sumé diez décadas nocturnas
Porque acabo de encontrar tus ojos
y están húmedos
Húmedos de amor y lluvia

MIR

lunes, 8 de agosto de 2011

LLamándolo (cuento fantástico)






Llamándolo


Por Mir Rodríguez Corderí


Ella discó el código internacional, el código de área y el número del celular.
El dijo “¡bueno!”.
Ella sintió un ligero estremecimiento por toda la espina dorsal.
Una suerte de escalofrío por  el plexo solar.
Y un pinchazo casi eléctrico en la rodilla derecha.
No habrían pasado 5 segundos y cortó.
Sabía que él se encontraba ese día con su amigo del alma, domiciliado en EEUU, en una zona de grandes  nevadas y anonimato asegurado.
Era consciente que ese amigo no venía varias veces en el año.  Ni siquiera todos los años.
Sabía a la perfección la importancia de la visita de ese sujeto para su amado.
Pero nada le impidió sentirse minúscula y, por ende, ridículamente abandonada.
Ella era sumamente orgullosa.
Con un sentido del honor casi medieval, posiblemente fuera de tono.

Había despertado con una mezcla de terror por lo soñado  y alivio por constatar que se había tratado de un sueño.
Se había visto enmarañada en  una telaraña de proporciones gigantescas.
En el vértice superior había dos arañas de más de metro y medio cada una, que tenían el rostro humano, patas flexibles e inquietas, muy peludas, muy laboriosas, tejiendo y tejiendo sin cesar.
Eran una pareja, macho y hembra, cosa que supo por sus caras,  las que no podía distinguir al principio con claridad.
Ella yacía atrapada por esos hilos, atada de pies y manos, movida de a ratos como títere, obligada a hacer cosas que jamás hubiera imaginado ser capaz.



Cada mediodía la alimentaba otro espécimen más difícil de determinar, que venía tapado por esas telas pao pao con las que se protegen las plantas de los rigores de las heladas en pleno invierno. Blanca, deformante, como si de una gran gasa elástica se tratara. 
Le daba de comer pedazos de carne humana que le causaban un asco espantoso ni bien las veía.  Ni hablar de la repugnancia que le quedaba en el estómago cuando las masticaba y tragaba.  Invariablemente vomitaba hasta quedar totalmente exhausta. 
Lo único que había podido deducir era que ese monstruoso alimentador era médico y se llamaba K. 
Ella llegó a pensar si no estaría metida en medio de un cuento de Kafka, sin darse cuenta que sólo era un sueño.

Era aún  madrugada. Llovía torrencialmente. Había quedado sin fuerzas después de devolver una aorta y una vena cava completa, cuando repentinamente un relámpago iluminó todo el recinto, de manera que pudo distinguir la cara del macho, que siempre dormía de cúbito dorsal con la cabeza cayendo. 
La sorpresa la cortó en dos hemisferios longitudinales y siguió zahiriéndola por todo el resto del día: era él, su amado. 
¿Cómo podía ser posible que él la sometiera a tamaño ultraje? ¿Cómo era capaz de permitir que ella permaneciera esclavizada de esa telaraña, alimentada con restos humanos, absolutamente aterrorizada las 24 horas de cada día?  
Y, a propósito, ¿quién era esa fémina que lo acompañaba en la tortura? Sintió tal desazón que no pudo recuperar el sueño.

Se había planteado un único propósito: ver la cara de la hembra.  Estaba convencida que allí estaba el secreto que develaría toda la trama, que haría que ella entendiera la razón de tamaña sinrazón.
Para ello esperó, no sin impaciencia, la próxima tormenta. 
Como además tendría que procurarse cierto movimiento, dado que la araña femenina dormía tirada hacia atrás , aunque totalmente de espaldas, lo cual le exigía obtener la posibilidad de bambolearse hacia adelante no menos de dos metros y elevarse por lo menos otros dos para así poder llegar a divisar su rostro, decidió dedicarse a una práctica intensa.   

Con suma cautela, con mucha paciencia y esmero, fue estirando, fuera de las horas de vigilia de las arañas, la tela que la aprisionaba hasta que llegó a tener una acción potencial de dos x dos metros hacia adelante y hacia arriba. 
Practicó así sin detenerse toda una semana. 
Por supuesto no dormía en las noches y durante los días – cuando los animales  permanecían en la oscuridad más absoluta- fingía meditar para poder cerrar los ojos y dormitar en sigilo, siempre atenta, siempre alerta, para que la pareja de arañas  no se percatara que se mantenía despierta aun fuera de la vigilia.

Por supuesto llegó la tormenta y llegaron los relámpagos, pero menos intensos y duraderos que la otra vez, tuvo que bambolearse hacia delante y hacia arriba repetidas veces, sin éxito alguno.  Hasta que, por fin, el momento tan ansiado se hizo realidad y bajo la luz fosforescente de un gran relámpago pudo ver el rostro de la hembra: su propia cara.
Su frente/cejas/ojos/nariz/boca/pómulos/mejillas
Ella era su victimaria y su víctima al mismo tiempo.

K seguía alimentándola, pero una tristeza parecida al desengaño comenzó a invadirla, entera, palmo a palmo, pelo a pelo, célula a célula, y el estómago se negó a recibir alimento alguno.
Se fue secando, con la boca cerrada, como engrampada, como cosida con hilos irrompibles o pegada  por algún gel químico de los que suturan.
El descubrimiento terminó por vencer sus últimas resistencias.
Era casi piel y huesos cuando otro relámpago, pero diferente a los que  había conocido la despertó.
Y supo que era un sueño.
Y sintió un gran alivio.



Los habían llamado hacía 5 minutos y ya estaban en el lugar, bajaron con prisa y llegaron hasta el sitio donde yacía una mujer, con el rostro mirando hacia el cielo, en un charco de sangre rodeada por una multitud que quería ver sangre.  

Todos estaban alterados, algunos mera empatía, otros por ser morbo-adictos, otros porque les venía bien quebrar el tedio de un día como cualquier otro.  
El médico K  no tuvo mucho que revisar para saber que había muerto, de manera que comenzó a tomar nota para las consabidas actuaciones policiales y forenses.  


¡ Qué bella mujer!   se dijo y justo cuando iba a pensar "una lástima" oyó una voz femenina decir " No, no es una pena, ella lo quería así, no tenía otra salida "

El galeno levantó la cabeza y no vio a nadie, ni por detrás ni por ninguno de los costados.  Extraño.  Sí, curioso y llamativo.



Ese día cerca de las 12 le había dejado a él una frase corta:  “te amo” y la letra de una canción que había rescatado del olvido el día anterior: “Perhaps love”.
En ese preciso instante estaba escuchándola por los parlantes, cantada por Plácido Domingo y el propio autor, Denver. 
La había puesto en “activar repetición”.  Y eso hacía: se repetía ad infinitum
Lo había llamado al móvil por la tardecita, porque su ausencia en el Messenger le había llamado la atención  y fue ahí que se enteró que él andaba de  compras con su amigo y recordó, nuevamente,  que Marcelo iba a ir a Ciudad de México  para esa época.  Le pidió que se pusiera en contacto en cuanto pudiera y él no lo había hecho aún, su reloj marcaba las 22 19.    Ella en Buenos Aires, él en esa ciudad tan castigada otrora por la contaminación que pasó a ser la vedette de los estudiosos del flagelo en todo el mundo.
En fin.
Supo en ese instante que los engranajes del dolor, la duda y la angustia se echaban a andar, con la ineludible conclusión de siempre: una ingente ansia de suicidarse y poder olvidar todo, todo, todo. Dejar de sentir….ser libre. 
Total, esto no tiene remedio, pensó en voz alta. El mismo disco rayado del desengaño, de la disconformidad, una canción repetida hasta el hartazgo.
Si tan sólo se hubiera atrevido a viajar hacia él dos años atrás, pero las dudas de último momento que lo azotaron la dejaron paralizada.
De pronto, como si se hubiera trasladado con el pensamiento, se encontró  a unos metros de la puerta de calle.  No recordaba nada: ni haber salido de su departamento, ni haber caminado hasta el ascensor, ni haber subido a él.  


 Este idiota debe haberse dado con algo antes de subir a la ambulancia, me tiene hasta las pelotas reverendo hijo de puta, irresponsable,  inútil, me va a meter en un problema gordo cualquiera de estos días,  se dijo el Dr. K mientras soplaba taurinamente.
El portero no salía de su asombro:  -Vaya, la del 7mo A, me ayudó con una demanda laboral de mi padre y no me quiso cobrar ni los gastos, una mujer hermosa pero sola. Mire usted una vez dijo que ella vivía igualmente feliz así, que  su amor imposible residía  a un poco más de 7000 km de distancia. La del 7mo A, ¿quién lo hubiera imaginado?-

Ella observó a unos señores que subían una camilla a la ambulancia.  
Cuando pasó por la cabina del vehículo  llegó a escuchar Perhaps Love, cantado por Plácido Domingo y Denver.  
Se notó repentinamente helada, como si estuviera desnuda.
Pensó en tomarse un avión a  México DF.
Hablaría con él y seguramente arreglarían todo.
Valía la pena intentarlo.
Especialmente antes que el macho araña se diera cuenta que ella no dormía en horas de no-vigilia.





Quiero comentarle a todos que Fraga ha ilustrado este cuento

FRAGA —algún día conocido como Francisco García Aldape— nació en México en 1964. Se define a sí mismo como caricaturimonero multiblogástico, trasnochado de cepa, Barón de los arrabales, melómano intramuscular y humorista bajo en grasas transgénicas; dueño de un espíritu labrado en la madera antigua de un viejo barco pirata, es ...
enemigo declarado de la mala vida y convencido absoluto de que el único paraíso que nos aguarda está en una sala llena de amigos. Más muestras de su humor fraguiano en su BLOG (http://fragacomics.blogspot.com/).











Creación ex nihilo






Creación ex nihilo
Mir Rodríguez Corderí



R
Hacía casi una semana que no aseaba su casa
Culpa de la inopia, de la falta de ganas de hacer algo, del esplín
Culpa de otros
Culpa del mundo (“este mundo hijo de puta, donde todo está mal repartido”)
Culpa del país (“este país de mierda, en el que el que realmente tiene algún valor no gana para mantenerse”)
Pero, principalmente, culpa de sus ingresos que no alcanzaban para pagarle a una mujer que hiciera la limpieza en lugar de ella.  País de mierda, ¡qué se le va a hacer!
Pensando a fondo, tampoco había trabajado gran cosa en estos siete últimos días.  Verano en Europa y por ende, vacaciones, el gran ogro que consumía – ¿debiera decir deglutía? – sus entradas, magras  en época de vacaciones europeas, como es sabido.
Trabajaba para España vía internet, vía teléfono, vía skype y vía lo que venga bien.  La mantenía tranquila en casa, sin necesidad de desplazarse, sin necesidad de invertir tiempo en viajes, ni tiempo ni dinero, quizás lo último pesaba más en la decisión capital que lo otro.  La comida era otro gran motivo justificante. Como es de público conocimiento no es lo mismo comer en casa que pagar el plus que implica comer afuera, así sea  en un roñoso kioscucho de la estación ferroviaria.
Allá lejos –más bien, cerca-  diversidad de diplomas o certificados de cursos/ateneos/congresos/seminarios/bla bla bla   cubrían las paredes de su actual escritorio, una pieza de 3.50  x 3.50, paredes blancas, techo de machimbre , cortinas del color del magisterio romano, el lacre , o algo parecido -lo había leído tantas veces, desde los albores del Derecho Romano, que es lo mismo que decir desde el comienzo de su carrera en Derecho y Ciencias Sociales de la UBA- (¿quién podría creer que era un Diploma de Honor de esa prestigiosa Facultad y un miembro de MENSA Internacional- gracias a su IQ, viéndola ahí, sentada frente a un monitor de los viejitos, cero cuarzo o leds ,  todo debido a los escasos ingresos y al país de mierda/al sistema de mierda/a su jodido destino/ a su karma jamás entendido?)
-Los mejores no saben venderse, no generan guita en forma importante…los que verdaderamente saben están subestimados, infra-valorizados…o quizás, sólo quizás, nadie los busca  pensando que serán demasiado caros, como todo el mundo piensa de lo que tiene un valor intrínseco real.  O, pensándolo bien, no saben venderse porque precisamente son los mejores, y eso tiene un precio que pagar, un orgullo que sostener, un sentido del honor que hace claudicar las mejores intenciones de ascender por la escala social, no por el costado del prestigio, sino por el costado del dinero que retribuye los servicios prestados, la famosa contraprestación tan mentada hasta en el propio derecho privado-
Al que quiere celeste, que le cueste, reza el dicho.
Pero a ella no podían venderle el pescado podrido, ése de “el que quiera pescado, que se moje” porque su historia de vida le indicaba lo contrario. La única que terminaba empapada (en sentido metafórico) era ella.
Nadie busca la excelencia, salvo que cueste mucho, sin saber que la excelencia costosa, NO es excelencia, es simple merchandising, mera propaganda ficticia y utilitaria.
Sí.
Sin lugar a dudas.
Los mejores no se saben vender.
Y tampoco los venden.




Había venido repitiendo sueños catastróficos. 
Aquel parapsicólogo con el que tuvo dos años de correspondencia fluida le dijo que era normal, que la mediumnidad de su abuela y su madre había sido heredada “por vía materna” por ella, que era la  primogénita. También aquel masón, su dentista hasta que pasó a mejor vida, (¿será mejor vida?) con guante blanco, digno de su Principado, había repetido, con palabras distintas pero con idéntico sentido prácticamente lo mismo. Afirmaba “ver su aura”, los colores que rodeaban su cabeza cuando trabajaba en su boca…….pero, ciertamente, no había sido eficiente, le había quitado piezas dentarias a troche y moche, probablemente sin necesidad alguna, ¿chi lo sa?, quizás tan sólo por cobrar enseguida y no brindar un servicio de excelencia.
¡Qué jodido todo!
¡Qué país tan lleno de lacras!
¡Qué espacios vitales corrompidos por el vil metal y la mentira y la deshonestidad y el esnobismo!
Repitamos: había soñado con verdaderas catástrofes.  Una guerra no definida, por la cual debía ir arrastrando su cuerpo por suelos cuando menos pedregosos, buscando refugio en espacios insólitos como dentro del falso lugar detrás de un armario en lo que parecía el dormitorio de su abuela en la casa donde vivió hasta que contrajo matrimonio.  Un hermoso espacio donde se había escondido de niña de imaginarios enemigos que la perseguían sin descanso.
-¿Será que soy una escorpiana típica? ¿Será mi Piscis en Casa V?-

Semejante  imaginación, tamaña fantasía parecían descansar en explicaciones dadas por la Astrología, ciencia (¿debiera decir paraciencia?) que la había subyugado desde edad muy temprana, tanto que la había estudiado en forma no sistémica, mediante una voluntad autodidáctica que la proveyó de infinidad de herramientas: astrología, numerología,  cábala, magia…ya era casi una maga jefa y si no fuera por el significado que a esas palabras le daba la simple otrora  existencia de su maestro dilecto, Jorge Adoum, no sentiría “a nivel dérmico y álmico”  la importancia de serlo.

Cansada   de soñar con guerras donde debía esconderse del enemigo, con sitios de tortura de los que hacia ingentes esfuerzos para escapar, gastando tal cantidad de energía que cuando se despertaba estaba siempre exhausta, como si en realidad el sueño no hubiera sido tal.  Harta ya de repetir sueños cortos, llenos de incógnitas circulares al mejor estilo borgiano, sin conclusión alguna, iterativos ad infinitum, se planteó con gran obstinación  y determinismo dieciochesco que cambiaría el curso de sus sueños.
Por su mera resolución
Por un simple ejercicio volitivo. Algo así como “quod Principi plaçuit...”
Y eso hizo


Conocedora de rituales, mantras, vocalizaciones, tonos, ritmos, pausas, logró hacer una cadena sistematizada y metódica de su decisión: fue desgranando todas sus habilidades, hora tras hora, día tras día, semana tras semana, en una ininterrumpida secuencia temporal.
Lanzada hacia un infinito incierto, improbable desde los cánones racionales
Ignoto







Inasible Inaccesible
¿Habría sembrado vientos?


Llegó a “ver” el desenlace de los sueños con claridad, de manera de poder cambiarlo con antelación.  De ahí en adelante tuvo cantidad de finales apropiados.
Logró definir la atmósfera del siguiente sueño antes que empezara, pudiendo componer las más variopintas escenas, decorados prodigiosos, paisajes soberbios  y paseos por ciudades que le eran prohibitivos en la realidad
Se sorprendió  arañando con saña a una rival de su adolescencia; cenando a la luz de las velas y música de saxo como telón, con el profesor de Historia Argentina, ése que la había inaugurado en esa manía de Lolita irredenta, en tercer año del secundario; subiendo al Everest con un Brad Pitt perdidamente enamorado; escuchando a Julio (Cortázar, por supuesto) sentado en un sillón de pana verde leyendo una novela, arrobada y arrodillada sobre una alfombra que terminaba frente a la chimenea de leños crepitantes.


Fue un viernes santo que se le ocurrió la peregrina idea
Para ser totalmente francos, venía dándole forma de manera  inconfesa desde la última noche de carnaval, cuando le pareció detectar un no-sé-qué orgiástico en el desfile de carrozas tradicional, que la llevó de golpe a una escena de la película El Perfume que le quedó como marcada a fuego en la memoria, una suerte de hierra de sus sinapsis.

¿Y qué tal si uno pudiera modelar la realidad al igual que se modela el sueño?
Había fagocitado miles de bits de información sobre nanotecnología, física cuántica y cuanto "gato de Schrödinger” hubiera suelto por ahí.
Con el apoyo de una logística de factura propia, tipo #la escalera sube si la veo desde el patio o baja si la veo desde el rellano#, comenzó a programar la tan anhelada realidad
En lugar de un mundo hijo de puta diseñó un mundo sin fronteras donde todo se repartía en forma igualitaria y homogénea.
Al país de mierda lo convirtió en un lugar donde los mejores eran remunerados como tales y no necesitaban salir a venderse como una prostituta corporativa.
Nada quedó librado al azar, ni siquiera el modelo de vida familiar y doméstica.
Todo, cada vestigio, cada poro de la dermis social y personal, fue siendo diagramado hasta sus últimos detalles.
Faltaba pulsar el botón.
Un mecanismo de creación tipo big bang, que había quedado inserto entre la aurícula y el  ventrículo derechos y al que oprimiría con ayuda de un mantra perfecto cantado en C1 (32,7 Hz), una nota más grave que Do (65,41 Hz) y prácticamente irreconocible para el oído humano por esa misma razón.
Una nota muy cercana a los infrasonidos.
Debían concurrir varios factores en ese ansiado momento.
Una luna en cuarto creciente, transitando un signo de aire, Géminis, Libra o Acuario y un sol recorriendo las constelaciones de Tauro, Virgo o Capricornio.


Condiciones climáticas expresas: temperatura bajo cero grado o sobre 50 °; humedad relativa del 70% según fórmula ;
presión atmosférica no menor a ……

Previo a todo trámite, quiso hacer una prueba piloto y creó un asistente, dado que había multitud de cálculos que llevar a cabo.  Para ello introyectó la imagen de un ingeniero mecánico, un químico, un físico, un biólogo,  un médico, un filósofo y un psiquiatra transpersonal…todo lo cual bien batido y mezclado dio lugar a Demian, en directa alusión a Hesse y su Eva primordial.
Fue una noche adecuada de Mayo, con la Luna coqueteando en Géminis y una bendita ola polar que le regaló una madrugada de dos décimas bajo cero,  suficientes humedad y hectopascales.
No le tomó más que quince escasos minutos exhalar el mantra y presionar el trascendente botón coronario.
De ahí en más Demian se ocupó de la afiebrada tarea de apoyatura logística para el objetivo principal: la creación ex nihilo del mundo y del país perfectos.
¿Cosecharía tempestades?



Hacía un centenar de plenilunios que había hecho realidad su más caro sueño
Meditaba sobre ello, acariciando suavemente los mechones ya blancos de su cabello que caían sobre las mejillas, mientras leía el último pasquín de ese grupúsculo que había salido fallado.
Buscaba en su interior alguna pista que la condujera al error, “porque ella jamás había proyectado ovejas negras en su rebaño”, de eso no cabía la menor duda, cuando entró su asistente bamboleándose entre un ataque de nervios y un autocontrol que debía primar sobre su naturaleza inferior pero que presentaba evidentes signos de mal funcionamiento.
< Señora, los mejores están nuevamente en plena asonada >
< ¿Qué piden ahora? > preguntó ella visiblemente molesta
< Autos y casas, señora >
< Pero si tienen mansiones y 3 autos por familia >
< Exigen que se les dé igual tratamiento a sus ayudantes >
< Si cedemos en esta petición, tendremos que pasarnos haciendo casas y autos para ayudantes, auxiliares de ayudantes, sus familiares directos, sus familiares políticos y no pasará mucho tiempo en que las autopistas colapsarán y no habrá un palmo de terreno que no se halle edificado> dijo ella mientras lanzaba un suspiro de pesadumbre al aire. 
< Esta película ya la vi y no quiero transitarla nuevamente, porque de este tipo de situaciones se entra y jamás se vuelve a salir > exclamó.
Demian apartó la vista y la escondió detrás de los vidrios del gran ventanal que daba a la plaza principal.
< No sé, señora, esta vez me parece que no hay retorno, los veo muy determinados, como si supieran algo que desconocemos >
< ¿Has podido averiguar algo más de ese proyecto que guardan tan en secreto? > preguntó mientras sacudía las miguitas del sándwich sobre el alféizar de la ventana, mirando al gorrión que vendría a comerlas al instante.
< No.  Es increíble cómo han aprendido a burlar todos mis controles.  Ya ni siquiera usan internet, todo sea para no dejar pistas ni rastro alguno.  He instalado cámaras en sus habitaciones, baños, cocinas, garajes, autos, maletines, escritorios.  Hay micrófonos de última generación en sus ropas, en sus lapiceras, en sus zapatos y hasta en las cortinas de sus esposas, esos agregados de cabello largo que tanto les gustan y  hasta los he logrado mezclar en forma de micro gránulos en todo aerosol que usen, desodorante, perfume, acondicionador, crema y pomada.  Nada.  Cero resultados.  Ni palabra del proyecto > dijo su asistente notoriamente decepcionado.
< Pues los tiene muy ocupados, ni siquiera duermen, andan abusando de la telepatía. ¿Qué será lo que están pergeñando que vale quedarse en vigilia tanto tiempo? >
< Vaya uno a saber, mejor me voy a redactar la negativa al requerimiento, señora, antes que nos inunden con sus asquerosos pasquines >
< Un mundo loco, Demian, ingrato, sumamente desapegado, después de lo que hemos hecho por ellos.  Parecen empeñados en convertirnos en un país de mierda a toda costa >

< Dios nos libre> se fue mascullando el asistente.



A pocas cuadras del Palacio Principal, un grupo de 20, lo mejorcito de ese país, terminaban de generar el mantra justo para activar un botón que habían insertado en sus laringes.  
Estaban agotados porque no descansaban desde dos semanas atrás, cuando tuvieron que utilizar la telepatía para intercomunicarse, ya que era imposible utilizar la voz sin presionar el adminículo.
La idea surgió del megabrain, cuando recibieron el primer comunicado de La Mandataria negándose a incrementar en un millón de toneladas el alpiste para sus canarios clonados, medida destinada obviamente a impedir que la población de aves creciera aún más.  La Mandataria seguramente privilegiaba su propio descanso a la necesidad de los mejores de estudiar otros comportamientos. 
Ella tenía el secreto de la creación ilimitada: ¿por qué no habrían ellos de poseerlo también?
Decidieron vigilarla estrechamente, leer sus labios, interceptar sus pensamientos, grabar todas sus conversaciones, filmar cada uno de sus escritos. 
Para ello usaron, en reversa, el propio sistema que El Asistente Primero había entretejido en sus vidas, hogares, actividades y pertenencias.  Y así pudieron descifrar el Gran Secreto, poniéndose sin demora alguna a reacondicionar  el método.
Ya estaban en condiciones de producir el milagro: la creación ex nihilo de un mundo perfecto donde no hubiera Mandataria ni Asistente que tuvieran potestad alguna sobre ellos.
Vislumbraban el glorioso día en que visualizarían ese nuevo orden mundial. Habían acordado un Gran Pacto de Silencio.  Sólo ellos, un grupo de tan sólo 20 y, eventualmente,  sus descendientes, manejarían los hilos de toda existencia  humana, animal e incluso vegetal y mineral, de conformidad a sus propios deseos y necesidades y con el fin de lograr su perpetuación.
Esa noche entonarían el mantra para provocar el big bang
El clima acompañaba, el sol transitaba Capricornio y la luna sonreía desde Acuario.



















La ilustración fue realizada por el dibujante argentino MARIO C CARPER









miércoles, 11 de mayo de 2011

El Hombre Universal visto simbólicamente






Cuando se piensa simbólicamente todo conduce a asumir que la creación es interior al Hombre
 
En el relato del Génesis, por ejemplo, que todo lo creado sea subordinado al Hombre y que el mismo esté situado en el centro de la creación, es un modo de decirnos que el hombre tiene primacía metafísica sobre la creación. Y si el Hombre tiene primacía metafísica sobre lo creado -y no una simple superioridad externa-, lo creado no puede serle exterior. 
 
En dicho relato el sojuzgamiento, por parte del Hombre, de la tierra y de todo lo que hay en ella, no se refiere a un sometimiento exterior. No se trata de una acción exterior de dominio a la manera de la que se ejerce sobre la materia prima en un proceso artesanal o de la servidumbre que se impone a un animal domesticado o del control que se opera sobre los hombres en la vida social. Sino que alude a la reunión de todo lo creado en el propio ser del Hombre. 


 
La creación está subordinada metafísicamente al Hombre; por eso éste tiene, entre otras, la misión de unificar todo lo creado en sí mismo.
Así, en definitiva, en el universo siempre se trata del Hombre. Animales, árboles, plantas, flores, vientos, lluvias, truenos, relámpagos, mares, ríos y montañas, son todas modificaciones de lo humano.
Esto remite a la enseñanza del Hombre Universal

 
Enseñanza que se encuentra en varias tradiciones, como la Kabbalah, el Islam, el pensamiento mítico y filosófico griego, y también en el budismo del Sutra del Loto como doctrina del 'Buda Original'. Dentro del cristianismo la noción de Hombre Universal aparece explícitamente en un autor heterodoxo como Swedenborg, pero también se encuentra en la tradición católica en la cual está claramente representada por la figura del Cristo Pantocrátor.
Pero el Hombre Universal no es absoluto. Por lo tanto tampoco es autosuficiente, ya que en su esencia más íntima se fundamenta en lo divino, lo inescrutable
 
La inversión del Hombre Universal es el Anticristo. Y uno de sus rasgos distintivos es justamente que no reconoce aquello que lo fundamenta. Por eso se ha dicho que el Anticristo se exalta a sí mismo por sobre todo lo que es divino...