domingo, 18 de julio de 2010

Un papel cuadriculado, por MIR

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Un papel cuadriculado
Mir. Rodríguez Corderí

Joaquín miró a través de la ventana que quedaba a dos metros  a su derecha, sobre los techos de París.  Esos mismos de los que le habían hablado tantas novelas cuando ni siquiera podía fantasear con estar viéndolos en vivo y  en directo. Bajo los techos de París, se dijo, un  clásico del cine, un eslabón entre el mudo y el sonoro, René Claire, ¡Vaya! ¡Qué tiempos! ¿Cómo sería París sin esos techos de pizarra? ¿Cómo sería su primavera sin los almendros en flor?  - No sería - se respondió mientras una irreversible ola de pinchuda tristeza lo revolcaba y arrastraba hacia atrás…- papá - alcanzó a pensar.



-  Si no estuvieras bajo este 3, es decir, bajo la U de tu nombre, podríamos  conservar alguna esperanza -  señaló ligeramente alterada Mercedes Alzaga, su amiga numeróloga, su Pitonisa, como acostumbraba llamarla. 
- Para colmo hace sólo  un año que  entraste ahí, porque tenés 46, así que pebete, ¿qué querés que invente? El período de vigencia de cada letra es de 9 años,.   Sos un sendero natal 3, naciste un 3/6/1965 y para colmo tu alma es 3 y tu personalidad 9, léase 3 de destino.  Ni tu potencial 6 te salva…mmm. Ya sé que no entendiste nada, pero basta que yo lo haga.  Decime, ¿qué estabas pensando cuando te dije que te cuidaras con ella? Que tomaras tus recaudos?…..ahí tenés, embarazada. ¿Estás seguro que no quiere abortar?  - 

No, dijo él, más mustio que cuando entró.

- Si no fuera una total desconocida, si no fuera francesa, si no fuera tan joven y tan poco educada, me pondría contenta por vos, ser padre a esta edad, mal no te vendría, por cierto.
¿De cuánto dice que está? - 

- De 5 meses y ½.  -
.
-  ¡Cinco me…! pero vos ¿ dónde tenés la cabeza? ¿Cómo puede ser que no lo hayas notado antes?  -

- Es tan flaca, dijo Joaquín, pensé que andaba algo hinchada, vos sabés -

- ¿Pero no te percataste que no menstruaba? ¿Que los pechos se le ponían turgentes? ¿No tuvo vómitos, ni mareos, ni arcadas? ¿No notaste nada de nada de nada?-  Terminó exclamando al borde del grito Mercedes, con cara de “no puedo creer esto”.

- No, nada de eso, o quizás sí, mientras yo estaba en la Embajada, pero yo no lo ví o no me percaté...Merche mi trabajo es absorbente, es agotador, es esclavizante…tenés que comprender, no siempre ando con todas las neuronas metidas en la panza de mi compañera del momento. -

- A apechugar, Joaquín, seguro que vas a ser papá.  Felicitaciones y que te sea leve. -

Se levantó de pronto, molesta, rabiosa, porque de alguna manera, allá, muy escondido muy in pectore siempre había pensado que él y ella terminarían juntando sus vidas y no habían sido pocas las veces que se veía del brazo de él recorriendo los lujosos salones de la diplomacia francesa.
- Te acompaño -  dijo visiblemente ofuscada.

- No es necesario, conozco la salida -dijo Joa- y dándole un beso en cada mejilla, salió como disparado.  “Esta mujer, pensó, es demasiado histérica, hacer tanta bambolla por un asunto que en definitiva es mi problema y no le atañe para nada”.

Mercedes aprovechó a cerrar las pesadas cortinas de los ventanales, prefería la oscuridad en momentos como éstos.  Prendió la lámpara de escritorio.  Se sirvió un bourbon y se desplomó nuevamente en su sillón, pensando, meditando, mirando sin ver los garabatos numéricos que había en su libreta, ahí, justo debajo de sus pestañas arqueadas “merci L´Oreal”.
El nombre completo de Joaquín yacía sobre la hoja cuadriculada, las letras separadas por medio centímetro, los números colocados encima, las sumas debajo.
Era un triángulo invertido.
El alcohol se le iba subiendo a la cabeza - no tengo nada sólido en el estómago, es natural - se dijo.
Insólitamente ciertos números comenzaron como a iluminarse con colores. " Parezco autista" - pensó- recordando un par de películas donde se mostraba ese efecto de cortar y marcar, separar y destacar, de entre innumerables figuras.

1-8-1- circunstancias limitadas
2-9 engaño
18 sobre 9, destacándose el 5: dinero por muerte -repitió como autómata-
13 sobre 4, muerte

Un sopor impresionante vino a bloquearla sin pedir permiso.   
"Debo llamarlo inmediatamente- pensó -" no sin sentir una preocupación que crecía desmesuradamente como granos de maíz en un silo al que le entró una lluvia inesperada, como el mismo grano cuando le agregás un chorrito de aceite y  lo ponés al fuego en una olla o sartén tapada y ¡¡¡zas!!! salen las palomitas, gordas y rebosantes, blancas y crocantitas, azúcar o  miel o caramelo derretido  y ¡a ver pelis!
La vista se  le nubló de golpe y no sólo ella sino que toda su mente era un urgente pedido de huelga, de paro, de cero actividad.
Se quedó dormida como lirón sobre su escritorio.

París es gris azulado a esa hora de la mañana.  Rebosante de claroscuros.  Plomo por aquí con vetitas de añil, aureolas bleu de Prusse rellenas con gris tiza, reflejos zarcos sobre árboles blanco sucio, barandales cerúleos envueltos en brisa agrisada. Sí, definitivamente, París es mezcla de azur, blanco y negro a las 6 de la mañana, en Noviembre.
El amplio ventanal del escritorio, con las cortinas descorridas, dejaba entrar ese mismo color, haciendo que la piel de Mercedes luciera aún más pálida, casi tan anodina como todo lo que se ve ceniciento, y sus cabellos tiznados de azul.  Tenía los ojos abiertos con una expresión de sorpresa y las manos yacían crispadas sobre un papel cuadriculado increíblemente arrugado, que se metía entre sus dedos de vez en vez, como asomando extrañas cabezas alargadas y retorcidas.
El inspector Philip Renoir miró a la cincuentona entrada en carnes que lloraba sin consuelo sentada en la silla Luis XV capitoné turquesa, visiblemente estrecha para sus voluptuosas formas, que caían a ambos lados como almohadones displicentes.  
La tomó de los brazos y la ayudó a levantarse para llevarla al sillón enorme del hall de entrada, donde prácticamente la dejó caer mientras repreguntaba: -  Entonces, Eloise, usted la encontró así, tal cual, ni bien entró al escritorio para abrir las ventanas y airear las habitaciones—el inspector leía sus apuntes- no había señales de nadie, sólo el vaso con restos de bourbon que hallamos sobre el escritorio … mmm -
-  Hágame un favor, deje sus datos , domicilio y teléfono a mi asistente y no salga de la ciudad hasta que yo le indique que puede hacerlo.  Aparentemente ha sido un ataque cardíaco pero la certeza la dará la autopsia.  Me despido y en unos minutos un móvil la alcanzará  hasta su casa. -
La mujer se limitó a asentir con la cabeza, era notorio que no podía salir de su asombro y dolor, no hacía más que llorar y rezar, en forma alternada o simultánea. La había servido por los últimos 4 años ininterrumpidos.
Philip retornó al escritorio ni bien el equipo forense concluyó la toma de pruebas y retiraron el cadáver.
Ya anochecía.
Prendió la lámpara, una de ésas que tanto le gustaban, estilo inglés de bronce de 2 luces con pantalla de metal color verde y revisó la agenda personal de la occisa.
El nombre del Encargado de Relaciones Comerciales de la Embajada Argentina figuraba allí.  Lo había citado y en cualquier momento arribaría.
Desarrugó cuidadosamente el papel cuadriculado que se encontró enganchado en las manos de Mercedes Alzaga….una palabra había estado allí escrita, sobre el borde superior, pero se había borrado de tal forma que ni con la luz azul especial de los “tomapruebas” como él llamaba a los encargados de estudiar la escena del crimen, había logrado darle forma a esos garabatos.
Inmediatamente debajo otro borrón, con forma de triángulo invertido.
Seguidamente unos números y letras muy esfumados, pero legibles.

1-8-1- circunstancias limitadas
2-9 engaño
18 sobre 9, destacándose el 5: otro borrón

Debajo otra mancha intensamente roja, con tinta que no se había podido identificar, una vez descartada la sangre, por supuesto.
La muerta era numeróloga de profesión, cabalista, además, bien conocida en la alta sociedad  parisina.
El timbre sonó. Cruzó la puerta, el pasillo, otra puerta, el hall y abrió: Un Joaquín perturbado y nervioso saludó con la impecable técnica de un diplomático y entró hablando como si le hubieran dado cuerda:  -  pensar que ayer, a esta misma hora, me retiraba yo de aquí, la dejé en perfectas condiciones, sana y fuerte como siempre ha sido….no logro entender esto, ni siquiera sufría del corazón, yo lo habría sabido si fuera así, éramos muy compinches, muy amigotes, nos contábamos todo -
- No salgo de mi estupor -, deslizó ya sin aire y se dejó caer en el sillón medallón  que enfrentaba el escritorio.
- Me he puesto en contacto con su notario,- dijo Philip-  para verificar si había dejado algo arreglado.  Estará por llegar, trae el testamento consigo. -
No acababa de decir eso que sonaba el timbre de calle.
El notario entró con esa cara de póker que tienen todos los de su profesión en momentos como ésos.  Se sentó en el otro sillón medallón, al lado de Joaquín, a quien presentó sus respetos con suma distinción y sacó el testamento de su maletín de mano.
- ¿Está bien que lo lea usted ahora, sin la presencia de los beneficiarios? - Preguntó el inspector
. - El único beneficiario se encuentra aquí, dijo el escribano, señalando a Joaquín-
La cara de Renoir no pudo esconder una andanada de suspicacia que fue derrumbándose desde  sus ojos, por  las aletas de su nariz, la comisura de sus labios y que enrojeció levemente sus mejillas.
Esa misma duda lo seguiría acosando durante el resto de la semana, en la que recibió el dictamen forense.  Causas de la muerte: desconocidas.  Sustancias presentes en el cuerpo: ninguna, sólo rastros de alguna comida y bourbon (léase: no había sido envenenada).  Cero lesiones.  Ningún rastro de violencia ejercida sobre su cuerpo.  No había tenido relaciones sexuales por lo menos las últimas 72 horas.  Todos los órganos en perfecto estado. Un poco de dilatación en las pupilas nos transmitía una suerte de último agobio o extrañeza.  El paro cardio - respiratorio era el lógico desenlace.
Renoir miró por enésima vez el papelito cuadriculado,
1-8-1- circunstancias limitadas
2-9 engaño
" aquí había algo más, a ver, ahora hay otro borrón, pero si esto lo tengo bien guardado, ¿cómo pudo borrarse esa tinta?, voy a guardarlo en la gaveta derecha de mi escritorio, y voy a echarle llave cada día, esto no debió ocurrir "… el inspector guardó celosamente el papel dentro de la libreta del caso Alzaga y llaveó el cajón.


Nadine había adelgazado en  forma abrupta.  El negro que religiosamente vestía desde que su bebé recién nacido falleció de muerte súbita, no ayudaba a disimular lo flaca que estaba sino todo lo contrario.  Joaquín se quedó observando las largas piernas de la muchacha y por un momento sintió deseos.  Se acercó y le acarició la cabeza." ¿cómo se lo pido? No creo que esté de humor para un revolcón".
La chica rompió en llanto, no hacía otra cosa que llorar y moquear últimamente.
-Debo confesarte algo- , dijo mirándolo con los ojos hinchados y rojos de tanta lágrima
El sintió un escalofrío que le recorría la espalda, la mirada de ella había mutado, lo miraba hasta con rabia, con un no sé qué de venganza “ el bebé no era tuyo”  la oyó decir.  -   No sé quién pudo ser su padre, a ciencia cierta, esa orgía en la casa de los Chifflet, a la que no pudiste concurrir por otra de tus “ocupaciones imprevistas”, yo no había llevado mi diafragma pero tampoco pensaba arriesgarme….hubo éxtasis y demasiado alcohol.  Al día siguiente, justo viajaste  1 mes  a Estocolmo  y de ahí te fuiste por 2 semanas  a Bruselas  y de regreso te detuviste a descansar en  la casa de Pierre en Le Touquet por un par de días más.
Cuando volviste yo ya sabía que estaba embarazada -

Joaquín no supo qué preguntar.
No preguntó nada.
Recordó la angustia de Mercedes la noche anterior a su muerte.  Una dulzura apenas estrenada le subió por  el pecho hasta la garganta " seguro que Merche llegó a presentir este engaño y no alcanzó a decírmelo o no lo creyó oportuno.  - La extraño. Hubiéramos hecho una linda pareja"- pensó Joa- tal como había venido haciendo durante los últimos 10 años, tiempo en el cual sólo se dedicó a la conquista de chicas jóvenes, saludablemente casquivanas..postergando para una edad más tranquila esa pareja con su pitonisa.

El inspector Renoir se quitó el impermeable y pidió un café doble.  ¡Qué lluvia ladina!, lo había tomado casi desapercibido cuando más arreciaba en plena calle Turennes, con viento en contra y lo empapó a pesar de todas las previsiones.
Leía el libro de novedades cuando lo llamaron por  teléfono con los últimos detalles de un proceso judicial que seguía en persona.  - Un momento, Su Señoría, enseguida le confirmo los domicilios requisados- dijo, mientras revolvía el cajón de la derecha buscando la libreta correspondiente.  
Usaba libretas para cada caso, donde detallaba puntillosamente todos los datos e impresiones que le parecieran importantes o relevantes.  Era meticuloso el inspector, no cabía duda alguna.  
Un papel se deslizó hacia un costado del cajón, volando literalmente por el aire, planeando un poco como si de una cometa se tratara y cayendo unos metros más allá, al pie del armario principal. Mientras le daba los datos al juez, mantuvo su vista en el papel, como hipnotizado.
Colgó el teléfono y caminó hasta el papel, lo levantó y reconoció el triángulo invertido y los garabatos de la numeróloga muerta 5 meses atrás. "¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Mercedes Alzaga, la argentina amiga del diplomático de igual nacionalidad".
Toda una intriga  - se dijo - y desarrugó el papel cuadriculado, que se encargaba de enrollarse casi siempre.  "Vaya, aquí falta algo, mmm, hay sólo un garabato, los demás números han quedado borrados, son meras manchas ilegibles"
En una noche lluviosa de abril, Philip Renoir, Inspector de la Surete, revisaba repetidamente un pedazo de papel cuadriculado, que debajo de un borroneado triángulo invertido, dejaba ver tan sólo unos cuantos manchones y la siguiente leyenda:
1-8-1- circunstancias limitadas.

Habían dado las doce campanadas y un nuevo año era recibido con gran algarabía.  París estaba iluminada de cabeza a pies, mereciendo el viejo mote de La Ciudad Luz como nunca antes.
Joaquín cerró el pequeño secreter donde montones de invitaciones dormirían el sueño de los mortales.
 Sus últimas horas en la capital francesa eran las peores de toda su vida. 
Totalmente encanecido, encorvado por la artrosis y la hernia de disco, portando 60 años que representaban una veintena más, juntaba su equipaje en la puerta de la mansión que había habitado por tres décadas. 
La jubilación anticipada y forzosa venia a cubrir una serie de desventurados acontecimientos que se habían dado en su trabajo diplomático, pequeños desaciertos que todos juntos parecían convocar algún tipo de rectificación política y una serie de gastos que fueron considerados injustificados por arte de magia, lo hacían regresar de pronto a su país, con la cabeza gacha, como le toca al perdedor.
Para colmo,  un tijeretazo increíble a su salario le dejaba una entrada apenas considerada pasable en su país de origen, sus cuentas bancarias habían sido congeladas hasta que se tomara una decisión definitiva sobre las cuestiones financieras puestas en el tapete y su estado de ánimo caminaba los oscuros túneles subterráneos de su consciencia. 
Depresivo, enfermo e increíblemente debilitado, no hacía otra cosa que repetir imagen tras imagen los hechos trascendentes de su vida en París, la ciudad de los techos de pizarra y los grises y azules otoñales. 
Ahora mismo tendría que estar sentado frente a la chimenea, sintiendo crepitar los leños, con Mercedes Alzaga sentada a su lado, saboreando un bourbon con una sola pizca de hielo.
La mujer destinada a disfrutar su madurez, que murió sin previo aviso, dejándolo solo frente a todas las luchas que le tocó afrontar en lo sucesivo.  La muerte del bebé que creía hijo suyo, el engaño de Eloise, los desfalcos en la embajada, su victimización y su impotencia….el regreso a Buenos Aires sin pena ni gloria
El timbre sonó quitándolo abruptamente de sus pensamientos, el chofer acomodó el equipaje en el maletero y lo dejó en el Aeropuerto. 
Joaquín llegaba al día siguiente a Buenos Aires.

Renoir era una gran jaqueca con patas.
Demasiada mezcla de alcohol, demasiada comida, demasiados años….
No había podido zafar del turno.
Tampoco se lo habría permitido.
- Mi regalo de Año Nuevo, Inspector - dijo el suboficial de turno acercándole un paquete más pequeño que la cinta roja que lo emperifollaba.  "Puro adorno- pensó Philip- seguro que es  una libreta nueva, como ocurre cada año".
- Gracias, Canau, muy amable -
Y abrió automáticamente su cajón derecho para acomodar la libreta recién regalada
No pudo dejar de sobresaltarse  cuando el papel salió despedido como por una mano invisible y dando varios giros en el aire, se depositó suavemente a los pies del armario
Esta vez supo que se trataba del papel cuadriculado de Mercedes Alzaga.
No tuvo duda alguna.
Tampoco hesitó al abrirlo para verificar qué faltaba esta vez.
Era como si lo hubiera estado esperando desde la última vez, años atrás.
Lo desenrolló con sumo cuidado y lo desarrugó, en forma ritualística, como nunca antes o como siempre ahora.
Estaba en blanco.
Ni siquiera se notaba el triángulo invertido.
Mucho menos los manchones o borrones.
" Si llego a contar esto, me tomarán por loco "
Mejor lo dejaba así.
Encendió su  cigarrillo y acercó el mismo fósforo a la esquina del papel, el que se envolvió en una llamarada amarilla con mucho azul. Lo dejó sobre el cenicero…hasta que el papel cuadriculado quedó convertido en cenizas.




Nota: La ilustración la ha realizado Fraga
Fraga, Francisco García Aldape (1964), nació en Saltillo, Coahuila, MEXICO. 
Egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila. 
Es ilustrador, diseñador gráfico y monero. 
Actualmente publica cartón editorial y sus tiras cómicas Don Ramirito y Los Cocolazos, así como las viñetas de humor Ondas Fraguianas, en periódicos y revistas del país y en algunos medios del extranjero.
Colabora también con ilustraciones para diversos medios impresos y electrónicos.
Recientemente, Fraga ha incursionado en exposiciones con obras plásticas.
Se pueden ver muestras de su trabajo en su blog:

sábado, 17 de julio de 2010

Ecos Jovianos

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Ecos Jovianos
Mir. Rodríguez Corderí



Se sintió debilitada de pronto, las rodillas comenzaron a doblarse, era evidente que el oxígeno escaseaba.
“Tanto ozono y para qué” exclamó
 Revisó el medidor y pudo comprobar que no se equivocaba. Empujó la tecla roja y el nivel comenzó a subir hasta equilibrarse en Full. 
“Menos mal”, pensó, mientras volvía a sentirse rozagante y fuerte como un unicornio enamorado.  Siempre le habían gustado los unicornios.  Pero ahora ya no era tan niña sino que se había convertido en una de las mejores biólogas, su  magna cum laude lo atestiguaba fehacientemente.
Dio dos pasos  adelante – si a eso se le podía llamar pasos- en realidad, dos zancadas despatarradas de más de medio metro y fue literalmente sentada en el suelo de Ganímedes
¡ Qué vista impresionante…qué paisaje increíble!
Montañas, valles, cráteres y ríos de lava.
Hielo y silicatos por doquier, con agua congelada en la superficie.
Repitió como un loro para sí las lecciones recibidas:  numerosos cráteres de impacto que mayormente muestran sistemas radiales brillantes, aquéllos que no los presentan son quizás los más viejos…bandas claras alternando con bandas oscuras,,,deformación de la capa de hielo…..eso convierte a Ganímedes en un territorio moteado.
Motas. Las lágrimas pueden parecer motas en un continente liso y claro como una camisa o un vestido…los seres humanos lloran por motivos variados…vida o muerte…emoción o tristeza…amor o desamor…aceptación o renuncia
Allí estaba ella, en la más grande de las lunas de Júpiter y hasta donde se sabía la mayor de las pertenecientes a nuestro sistema solar, buscando encontrar la forma de hacer nacer vida vegetal en ese suelo tan precario o tan absurdamente desconocido para el hombre. 
Estaba sola, algo que siempre le había apasionado. 
Se acostó sobre el hielo   y contempló el firmamento lleno de puntitos brillantes…..wow!!!... todo silencio, soledad, negrura y brillos estelares…no podía pedir más.  Se sintió arrastrada hacia su adolescencia cuando descansaba  su espalda  en su terraza grande, sobre baldosas color terracota para hurgar el cielo estrellado, preguntándose por la inmensidad del universo y por la creación.

Una suave inducción sensorial - ¿motivada por qué?- la condujo a cerrar los ojos.
Sintió un ruido desconocido, como algo rasgando el hielo del suelo y pugnando por salir
A los cinco minutos, una caricia verde la rozaba  con cuidado, con ternura, con delicadeza suma….
¿Cómo sabía que era verde si tenía los ojos cerrados y  el traje  espacial que impedía que una sola de sus células epidérmicas  asomara al exterior?
Abrió los ojos.  Una enorme planta trepadora crecía y crecía a su costado derecho en forma exponencial, a milésimas de segundo.
Su mente negaba lo que veía.
Inmediatamente su mano buscó,  palpando,  la bolsa de semillas seleccionadas.
Se habían desparramado, a través de un pequeño agujero, en la tela supuestamente
irrompible.
Sonrió.  Murphy hubiera dicho “lo que no debe romperse, se romperá en el momento que menos lo esperas”.
“Hola” le dijo y la planta se inclinó, genuflexa, aunque ella supo interpretar el gesto sin tanto sentido peyorativo.
“¿Eres mi Creadora?” –preguntó la planta que, obviamente,  sabía hablar.
“Sí y no”, contestó ella, algo confundida.  “ Pero más bien digamos que sí”
En la fría inmensidad de una de las lunas de Júpiter, una bióloga recibida con honores, se quedó cuestionando el motor inmóvil de Aristóteles y sus sucedáneos.
Algo le cosquilleaba sobre el labio superior…….despertó de su largo sueño con la rara sensación que todo roce extraño nos provoca.  Era de día.   La planta había decuplicado su tamaño y cubría casi todo el espacio para ella visible  desde esa posición decúbito dorsal.
Volvió a preguntarse cómo podía sentirla a través de una vestimenta especial tan aislante como la que llevaba puesta.  Buscó inútilmente alguna rasgadura, algún pequeño resquicio, algo que justificara que la planta pudiera siquiera tocarla como lo hacía
Pero nada pudo descubrir.
“Otro misterio y van…..”, pensó mientras se sorprendía constatando que todos sus lectores trabajaban  a full, sin ningún tipo de desperfecto ni disfunción.
“Buenos días, dormilona “, exclamó el ejemplar vegetal que no lograba identificar.
Debiera tratarse de un liquen, esa asociación de alga y hongo que soporta temperaturas tan frías.
Además es lo único que traía en su ´bolsa de niña explorador´  como le llamaba al envoltorio  herméticamente cerrado  que la NASA le había encargado en esta misión.
Pero la científica surgía de entre las pobres neuronas de la ciudadana respetuosa de las normas y proba laburante que ella era, amén de sus otros roles… por lo cual no podía dejar de plantearse serias dudas….eso no era un liquen, sin lugar a suspicacia alguna……..salvo que los líquenes en Ganímedes  se transformaran  en una trepadora gigante, al mejor estilo de una vicia faba, vulgarmente llamada haba, que alcanza una altura que supera apenas el metro y medio luciendo  tan recta y erguida como ésta compañera que la consideraba su Diosa.
No pudo dejar de pensar en el hecho que la planta hablaba.  Esa sola circunstancia tan extraordinaria hacía que todo lo demás perdiera consistencia, o, cuando menos, interés.
“¿Qué tengo hasta ahora?” – se preguntó la bióloga- “Un liquen que no es un liquen, una especie vegetal que tiene  la facultad del habla y del discernimiento, que a mayor abundamiento me considera su Creador…y que sigue creciendo cubriendo toda superficie que encuentra disponible”, pensó mientras miraba azorada hacia todos los costados que habían sido alfombrados por este sujeto viviente de color  verde.
Como era de suponer no halló respuesta satisfactoria alguna, no en su memoria, no entre los conocimientos científicos  acumulados en su córtex  parieto- temporal vaya uno a saber gracias a qué conexión sináptica.
Entró en un sueño profundo, viscoso como melaza, en el que fue cayendo en capas o por tramos, cada uno más tibio que el anterior
Se vio el primer día de trabajo en el Instituto de Biología Molecular, subiendo la escalinata de mármol blanco de la entrada…bajando las mismas escaleras con una felicidad que se le caía a cataratas cuando lograron hacer que germinaran porotos de soja en condiciones climáticas críticas y suelo congelado…besando al único hombre que había amado y con el que habría tenido hijos…viéndolo morir en el quirófano después del accidente…recuperó el dolor lacerante de renunciar a ser madre ese mismo día y para siempre…retornó vertiginosamente a su niñez, a los días de juegos con barbies y nintendos … se vio en brazos de su padre durante esos 40 días que tuvo el sueño invertido a los 3 meses de edad…volvió a mordisquear el pezón de su madre para saciar su hambre…
Se sentía tan bien, tan confortable, tan cálida, tan contenida.  “Me quedaría aquí para siempre” pensó.  “Quédate” exclamó la planta desde lejos.
La noticia dio vueltas a la Tierra por todos los medios conocidos.  Ese jueves nadie habló de otra cosa, las redes sociales eran verdaderos hervideros, todo el mundo quería opinar, los círculos académicos habían salido de su habitual letargo y daban conferencias a cada instante……..El Hubble lo atestiguaba, el Galileo había enviado imágenes impresionantes, la NASA enloquecía: Ganímedes, una de las lunas de Júpiter aparecía verde, de un verde clorofila inmensamente bello. Ganímedes tenía vida y la mostraba al universo con orgullo,
Se especulaban adelantos exitosos  de la última misión. 
Científicos alejados por diferencias insalvables volvían a juntarse para la ocasión, sonrientes para las fotos y excitados para el reportaje
Pocos días más tarde, un pequeño apartado de una revista electrónica  de la NASA mencionaba la presunta desaparición de la bióloga varias veces premiada que formó parte de la expedición a la luna de Júpiter. 
Nadie podía explicar la falta de noticias sobre su posible paradero.  Se habían rastreado las nuevas praderas y sembradíos de la otrora desierta y congelada Ganímedes con todos los medios tecnológicos a mano.  No se la había podido encontrar.
  La hipótesis más aceptada fue que posiblemente cediera el suelo debajo de la científica y la arrastrara hacia adentro, en las profundidades de los denominados  cráteres de impacto.
No dejaba familia detrás. 
No se supo de amigo alguno. 
Una decena de conocidos que habían investigado con ella balbucearon algunas palabras. 
No alcanzaban para un obituario. 
No lo hubo.







martes, 13 de julio de 2010

Cuando no me ven ni me oyen (cuento)

                                                                                                                          (*)
CUANDO NO ME VEN NI ME OYEN
Por Mir. Cristina Rodríguez

Iba caminando cabizbajo, meditando mis últimos desengaños con la gente, cuando la voz de ella rasgó literalmente el aire en dos hemisferios: antes de ella, después de ella.
Es realmente fascinante cómo la voz de una mujer adorada y deseada perdura grabada en la memoria, máxime cuando se trata de un ejemplar femenino de una belleza espectacular, fuera de serie. Esa era Ñata, llamada así por la naricita respingada, tan perfecta que parecía cincelada a propósito, al igual que todo el rostro, que todo el cuerpo, que cada poro y cada vello y cada olor que pudiera desprender naturalmente hacia afuera
 _Oski, pará_
Me di vuelta no tengo muy claro si con inquietud o con recelo, no en vano habían pasado 25 años desde que soporté a lo macho el llanto en su ceremonia nupcial, el mismo día que le dije adiós para siempre en mi interior, a sabiendas que era una forma de supervivencia.
_ Hola, Ñata, ¡tanto tiempo! _
Verla –volver a verla-- allí, en el parque de mis amores, Parque de los Patricios, enmarcada en todo ese degradé de distintos tonos de verde, me anudó el estómago y me cerró la glotis hasta tener la vívida sospecha que me ahogaría antes de poder decir algo más.
"Los años deben haberse perdido para ella. O no, quizás no" “viejo idiota, sos un total pajero usando las mismas frases gastadas de siempre” - pensé - "Lo que falta es que digas que ha mejorado con el tiempo como los buenos vinos o alguna antigualla como ésa”.
No pude evitar que mi mano temblara cuando le tomé la suya.
Un beso en la mejilla, tan cerca de esos labios carnosos, sedosos, voluptuosos y todos los osos que hagan sinonimia.
- Mirá que venir a encontrarnos justo aquí - dijo ella, con lucecitas danzarinas en sus ojos.
- Justo donde te me declaraste a los 13, una de esas veces que me fuiste a buscar al cole -.
“Dios –pensé—sé justo conmigo, quita la tentación de delante de mí.”
A los 10 minutos estábamos sentados uno frente al otro, en una mesita con mantel rojo, en una de las esquinas más reservadas de la confitería más pituca y discreta del barrio.
Ñata era de abusar de la expresión. Habló más de media hora de todo un poco, me sintetizó su vida de casada , sus asuntos domésticos y sus lides maternales de esa forma que sólo ella podía abreviar. Pensé en Burroughs, pero seguramente ella nunca lo había leído.
Me hizo reír, me hizo callar, me hizo resentir el simple hecho de estar vivo, me hizo feliz, me hizo miserable, me hizo impertérrito…
-- Sabés lo que recordaba hace unos días atrás, en la reunión de Egresadas de la Escuela de Comercio N° 18? –
-- No –
-- Esa experiencia que me contaste, la de tu “invisibilidad” –
Sentí que me transportaba como por el túnel del tiempo o algo similar. Fue una sensación tan extraña que no conozco palabras para ilustrarla.
Ñata continuaba hablando, ¡qué suerte!, sin parar.
Mitad con ella mitad abstraído comencé a recordar a 1000 por hora
Noviembre 1969.
Todos los paracaidistas fuimos convocados por el Jefe de Personal del Regimiento de Infantería 6, yo entre ellos, media docena de dieciochoañeros, para comunicarnos que a primera hora del siguiente lunes rendiríamos las exigencias anuales en la Escuela de Infantería en Campo de Mayo que nos permitirían continuar.
Habíamos terminado el curso hacía sólo 4 meses atrás.
Durante el viaje tuvimos que comentar nuestras anécdotas personales, tanto Luis como yo, que la habíamos cursado en Córdoba. Surgió el infaltable tema del Cordobazo que suspendió el curso durante un mes, razón que nos obligó a hacer todos los saltos prácticamente en un día y una noche, para colmo , desde un viejo avión Douglas DC-3, del mismo modelo que se utilizó en la 2da Guerra Mundial. Para guiarnos en dónde caer, se encendieron fogatas al oscurecer y el viento, fuerte, terminó incendiando el campo, lo que agregó una nota de emoción a los saltos nocturnos.
En cambio, en esta oportunidad, las prácticas eran de equipamiento con el paracaídas T-10, un armatoste que pesaba aproximadamente 15 kilos.
Para el día jueves habíamos rendido satisfactoriamente todas las exigencias.
El viernes por la mañana, clareando, nos reunimos en la Pista de Lanzamiento, nos asignaron los viejos paracaídas, nos equipamos, nos controlaron que estuvieran bien colocados los arneses con sus respectivos pasadores y seguros. Agregamos a nuestro cuerpo también los paracaídas de pecho comúnmente llamados de emergencia.
Dábamos la impresión de tortugas.
Habían pasado unos 40 minutos y desde la Base Aérea del Palomar se dejó ver la conocida figura de un avión de transporte C-130 HERCULES.
Lo vimos aterrizar en medio del campo como un ave legendaria que dignificaba su nombre.
Entramos, todos seguramente inmersos en ese mismo respeto reverencial
Era igual que estar dentro de un gran submarino, a excepción que con las puertas abiertas desde donde podíamos ver todo el campo.
Cuando se cerraron las compuertas traseras y las puertas laterales, todos los esfínteres se apretujaron.
Allí, para conjurar el cagazo, comienzan todo tipo de bromas entre los viejos y los jóvenes, sumadas a las recomendaciones de los tripulantes del avión para casos de emergencia y a las del jefe de Vuelo y Lanzamiento que es quien te dice el “SALTE” acompañado de una fuerte palmada.
Sentados, cuatro patrullas de 15 a 20 hombres a lo largo del fuselaje.
En cada salto salen por ambas puertas dos patrullas.
Suena la primera chicharra –que es horrible-- para avisar que estamos a la altura requerida, 500 m, altura normal para saltos automáticos, porque los comandados son por encima de 5000 m y en caso de combate se salta desde 150 m.
Las compuertas laterales y la trasera se abren antes de la segunda chicharra.
Ahí se acaban todas las bromas porque el ruido de los motores se incrementa. Ingresa viento y tierra dentro del avión.
Podés ver cómo les flamea la ropa a los tripulantes que están abriendo y asegurando las compuertas. Esa visión siempre tiene algo de fantasmagórica, una rarísima ilusión de los sentidos acompañada por el ulular del viento y su fuerza de arrastre, algo en el estómago comienza a moverse, como si un montón de pequeñas manitas estuvieran dentro de él, golpeteando sus paredes.
Ya no se habla: se grita.
Tomamos la cuerda extractora, la que queda enganchada en el avión y sacas de la bolsa mochila el paracaídas.
Suena la segunda chicharra -- más horrible que la anterior-- para avisar que nos paremos y al grito de “Enganchen” colocamos el pasador metálico de la cuerda extractora en el cable de enganche --un grueso alambre de acero que va de la cabina a la cola dentro del avión—que es donde queda la bolsa del paracaídas enganchada al avión y después es subida por los tripulantes.
Allí ya parados nos ponemos en una columna paralelos al fuselaje y cada uno le revisa el equipo al que está adelante por si se le olvidó algún ajuste del arnés.
El nerviosismo es total, es una mezcla de alerta e incertidumbre por avanzar hacia la puerta del avión y no quedarte rezagado.
Todo el tiempo que te demorás en salir perjudica al que viene detrás porque en la salida al espacio al llegar a tierra podés quedar fuera de la pista de caída o aterrizaje cayendo definitivamente sobre árboles, casas o avenidas.
Pasan unos largos e interminables minutos dentro del aparato, parados, preparados y enganchados. A veces ocurre que el piloto da una vuelta más para asegurar la caída en la zona predeterminada.
Seguís parado esperando que dé de nuevo la vuelta y sentís la presión del aire como si te apretaran de la cabeza y los pies hacia el estómago.
“Remembranzas”
El salto fue emocionante. Era la primera vez que saltaba de un HERCULES.
La salida fue exitosa a pesar del viento que te bambolea y te hace girar, sintiendo como si una mano enorme te agarrara por el cuello de la campera y te zamarreara hacia todos lados.
Cuando la cuerda extractora queda tensa, enganchada por un lado al cable dentro del avión y por otro al paracaídas que va saliendo de su bolsa, se libera y quedás con total libertad en el espacio.
Luego vienen las maniobras individuales para tratar de dirigir el paracaídas que te lleva de espaldas y si no lo maniobrás no ves dónde vas a caer. Hay que cruzar las manos por fuera de las cuerdas, mano derecha por delante y la izquierda por detrás y con fuerza lo hacés girar para ir de frente hacia el suelo.

Creo que el mejor momento en un salto desde un avión es cuando te parás en la puerta esperando que te digan: “salte”.
Tenés unos segundos o minutos de tiempo mientras el avión sobrevuela la zona de lanzamiento.
Esto ocurre cuando sos el último de la patrulla en subir al avión ya que quedás primero para acercarte a la compuerta cuando vas a saltar.
Te parás, enganchás la cuerda extractora en el cable del avión, te acercás lentamente a la compuerta, apoyás la mano derecha en la pared del fuselaje y en la izquierda llevás la cuerda extractora enganchada.
De reojo podés ver el espacio limpio, el cielo.
¿Alguna vez te preguntaste por el azul? Te quedás prácticamente sin aliento de tanta hermosura, de tanta levedad.

Te dicen “A la Puerta” allí girás y te tomás de los bordes con ambas manos colocando un pié en la salida. Mirás afuera del avión y podés ver hacia abajo los cuadraditos verdes y marrones del terreno que parecen mesas de billar, las calles y los autos, las casas, los árboles. Son momentos maravillosos.
Para los que están atrás las cosas no pintan tan bien ya que no ven nada hacia fuera y cuando salen lo hacen en forma rápida y sistemática pues no hay tiempo siquiera de pensar.
Con imaginar que el último sale prácticamente corriendo, tenemos el cuadro completo jajaja

.-- Oscar, ¿tas? ¿O te fuiste? -- inquiría la voz amada.
La miré. No sé si ya dije que los ojos de Ñata son de un glauco poco común, una mezcla rarísima -en cuanto a lo escasa- de verde y dorado y gris y almendra, celosamente y estrechamente custodiadas por pestañas espesas y negras como el azabache, el mismo tono que su cabello.
 Todo parece contradecir al todo.
 La piel delicadamente blanca llamando a gritos a acariciarla, tersa, terciopelo, suavidad a la vez salvaje y refinada…la pequeña y respingada naricita…la boca mediana, acorazonada y sensualísima, de un rosa subido, casi chicle que se mastica rabiosamente o del tipo cereza que dignifica al postre.
Punto.
--No, Ñata, te escuchaba y a la vez, por qué mentirte, recordaba mis episodios de invisibilidad --
-- ¡Ah! – dijo ella, sonrojándose levemente y despertando en él deseos propios de un libidinoso. – yo creí que conmigo enfrente nada podría distraerte, por lo visto, me he equivocado - terminando todo con ese mohín de reina que se le formaba al borde de las comisuras.
--A ver, malcriada, contáme algo de tus hijos – dije, a sabiendas que se engancharía en una nueva ronda de parloteo incesante que me permitiría continuar con mis cavilaciones.
Y así fue
La voz de Ñata fue perdiéndose en la confitería, mientras yo regresaba implacable y decidido al recuerdo de mis trances, mis “souvenirs magnifiques”, como acostumbraba llamar a mis memorias o “memoires”…me encanta el francés.
Hora 10 00, Noviembre 1969.
Caigo sobre una acacia.
Mi paracaídas había quedado fuertemente prendido a ella. “¿Se tratará de un símbolo?, me pregunto, justo una acacia”.
Repito en voz alta como lorito, quizás para amortiguar la angustia del momento, "antiguamente considerada un símbolo solar, debido a que sus hojas se abren con la luz del sol, cerrándose al ocaso y porque su flor imita el disco del sol. Su madera, imputrescible, fue utilizada para hacer los elementos más sagrados, cosa que obra en el Antiguo Testamento: el Arca, la Mesa, el Altar. También planta sagrada para los egipcios, de los antiguos misterios, fue la madera con la que se confeccionó la cruz donde murió Jesús tanto para rosacruces como para masones y entre estos últimos la acacia es la planta símbolo por excelencia, símbolo de la verdadera Iniciación para una nueva vida y de la resurrección para una vida futura, quizás se explique todo esto porque su verdor es perenne, su madera dura e incorruptible, lo que da una idea de vida inextinguible que renace en forma exitosa y permanente de la muerte"
Me suelto y caigo desde 5 a 6 metros al piso.
Me levanto y visualizo a dos rescatistas que avanzan hacia donde me encuentro.
“Vienen en mi búsqueda” me digo y les hago señas…el paracaídas yace matrimoniado aun con ramas y arbustos.
Se me acercan lo suficiente como para que escuche su conversación y el ruido de los matorrales y macizos que iban removiendo.
Ambos sujetos siguen buscándome como si nada, a escasos metros de donde me encuentro y – lo más llamativo de todo- no contestan mis llamados y parecen ignorar mis gritos.
Tengo la absoluta y compacta sensación de estar dentro de una campana de cristal.
¡Vaya! Sumamente extraño, casi aterrador, me digo, ya que el paracaídas tiene una extensión de 20 metros de largo de la copa al arnés y un diámetro de aproximadamente 10 metros, como para que no lo vean.
Pasan a unos dos metros de mí, mirando en todas direcciones, sin verme, sin oírme, siguen caminando como si nada, hablan entre ellos y se pierden entre los arbustos.
Me quedo quieto, solo, sacándome el arnés.
No puede ser que no me vean o no me escuchen.
Comienzo a desconfiar. Un temblor helado me congela imprevistamente y totalmente de los pies a la cabeza. "¿Estaré desmayado y soñando esto? " me pregunto.
Continúo tratando de desenganchar y arrollar las cuerdas de mi paracaídas.
Un tiempo no muy grande pasa y los veo regresar por donde se habían ido.
--¡Idiotas!- les grito, desesperado ¿Pasaron al lado mío y no me vieron ni me oyeron? ¿Son locos o se hacen?—
Ambos rescatistas se miran perplejos, y se quedan observándome con esa mirada del que piensa “éste está rematadamente loco”.
Me cuentan todo tal cual fue., doy fe, por dónde vinieron y por dónde se fueron, pero aseguran no haberme visto ni escuchado.
En este momento no les creo un comino, pero me dejo llevar a salvo, sin ningún tipo de recriminación, harto de tanta angustia, inquietud y con enormes deseos de volver al campamento, sano y salvo.
Por supuesto no les creí pero siempre quedó en mí ese hecho como algo extraño y sin explicación.
Hoy la he hallado, o cuando menos así lo creo.
No obstante, otro hecho extraño o anómalo tuvo lugar después, con ocasión de una reunión de amigos.
Recuerdo que llegaba tarde. Entré en pleno bullicio y saludé contento, gritando, pero nadie me contestó el saludo; por el contrario, todos seguían hablando y escuchándose.
Me acerqué a cada cual, forcé mi voz hasta el paroxismo, pero ni mu, ni mueca de atención o conmoción…todos seguían en la misma, sin percatarse de mi presencia.
Enojado, y pensando que todo era una broma de mal gusto, motivada quizás porque había llegado muy tarde, me fui a otro lugar.
Sin embargo, cuando regresé a la reunión, todos se dirigieron a mí como si recién llegara. Estaban tan entusiasmados con mi presencia y su propia charla que no me detuve a pensar que algo raro  había ocurrido, algo anormal, siniestro, como en el caso anterior, el de los rescatistas.

--Entonces, le dije, sos muy joven para casarte, pero si es tu decisión y te sentís seguro, adelante hijo mío, yo te apoyaré en todo cuanto pueda--- Ñata me sacó del ensimismamiento.
Se quedó mirándome fijamente
--Si no te estuviera viendo perfectamente, diría que te está sucediendo otro de esos trances de invisibilidad que contabas en tu juventud--- dijo cínicamente.
 Sentí que algo me laceraba por dentro. Ella no era particularmente inteligente ni culta pero tenía un gran sentido del sarcasmo que siempre me había descolocado.
--No—alcancé a responder con una leve y falsa sonrisa, perfectamente estudiada para ocasiones de emergencia y etiqueta, parecidas a la presente.
--Sólo pensaba un poco off topic, sobre eso, precisamente, mi primer y segundo acontecimiento de no ser visto…ni oído – respondí y dibujé una mueca complaciente en mi semblante.
Ñata miró su reloj pulsera y exclamó con verdadera inquietud –Oscar, se hizo tan tarde, debo retirar a mi nieto del Jardín de Infantes, por favor, escribíme aquí tu teléfono actual y tu dire, -- alcanzándome una servilletita de papel y una birome.
--Prometo llamarte, para que no pasen otras 3 décadas — rió cristalina y auténticamente.
Dócilmente actualicé mis datos en ese papel arrugadito y delicado, se lo di, la besé en ambas mejillas, la rocé intencionalmente y la acompañé hasta la puerta.
--Yo voy a permanecer un rato más, voy a encargar algo para comer, estoy hambriento—le dije y retorné a la mesa.
Llamé al mozo. Le encargué milanesa de pollo con fritas y un vino blanco de la casa. Un poco de pan negro y manteca para untar, algo de mostaza tipo alemana, de paso.

Los pensamientos estaban esperando agolpados en algún rinconcito de mi mente.
Casi me ahogan al volver.
¿Dónde estaba? Ah, sí, en mis recuerdos de cuando no me veían y no me oían.
Esos episodios no se borraron jamás de mi memoria.
Con el tiempo, investigando en internet, encontré una especialista en estos temas: Diana Reeds.
Me comuniqué con ella por mail.
Conté todo con detalles.
Esperé ansiosamente la respuesta.
En un mail en correctísimo inglés, pude leer cosas como:
“Sus experiencias con la invisibilidad son típicas de alguien que está atravesando HSII, o sea Invisibilidad Involuntaria Humana Espontánea”””

“”Esto está sucediendo por todo el mundo desde los años 50 o más de acuerdo a los registros pero ahora con mayor asiduidad”””

“”Creo que es un campo de energía que rodea a la persona (aura) que cambia su frecuencia y vibra a un nivel más elevado que el que la otra gente puede ver. Esto sucede comúnmente por aproximadamente media hora solamente, luego la persona es vista de nuevo “””

“”Aun no he podido averiguar por qué la persona invisible no puede ser oída""
“”Es posible que el propio cambio en la frecuencia vibratoria ponga a la persona invisible temporalmente dentro de una dimensión diferente en la que nadie puede verla u oírla “”

””Algunas personas encuentran que no pueden ser vistas ni oídas y esto las altera mucho. Piensan que están siendo ignorados o que la gente esta jugándoles una broma O que los otros están siendo rudos o descorteses y no responden cuando les habla o que están actuando extrañamente, cuando menos””

“”Escribí mi artículo sobre Invisibilidad humana espontánea porque yo quería que los implicados supieran que no están locos…quería que supieran que esto ocurre por todo el mundo a un grupo pequeño de personas “”

“”Usted no está solo al tener esta experiencia””.



--¿Desea algo más, señor?, ¿un postre, un cafecito? – preguntó el mozo

Sobresaltado, respondí, un poco nervioso -- un flan tipo casero con dulce de leche y un cafecito
Y la cuenta, por favor --

Me encantaba el flan, mi mamá lo hacía casi todos los domingos, bien acaramelado.
La yapa era un pote con mucho dulce de leche pastelero, que quedaba irremediablemente vacío.
Y ya se sabe, el café siempre me pudo…

Mientras saboreaba todo, tironeando suavemente de esa parte de los recuerdos de la infancia-adolescencia, aderezados por mamá y salpicados por mis hermanos y papá, tan adusto y callado siempre, continué con el proceso de desmitificación de mis angustias “invisibileras”.

Debe ser terrible no ser visto ni oído jamás.

Recordé a un autista, hijo de un Cabo, compañero mío en el curso de Paracaidismo en Córdoba.
Si bien era la inversa, me acongojó el recuerdo y el sufrimiento oculto de sus padres.

También me vino a la mente las manos de una prima nacida ciega, guardada en un asilo atendido por monjas cuando mi tía abuela se volvió a casar. ¡Esas manos hablaban, oían, veían, sentían, hacían maravillas! Con esas manos cualquiera podía darse el lujo de no ver.

¿Sordos? Pues, Beethoven: sin comentarios.

Pero, claro, ellos en todo caso son el reverso: “no ven”, “no oyen”, pero son vistos y oídos.

Lo cierto es que yo, cuando no me ven y no me escuchan, me siento malditamente mal.



El mozo se me acercó y me sacó de mis reflexiones. Miró la mesa, retiró con un gesto de enorme disgusto los utensilios, y se fue hasta la caja con el ticket de la cuenta.

Escuché con asombro  que le decía al cajero: --¿Quién lo hubiera dicho? El de la mesa 6, desapareció sin pagar…parecía un buen tipo, honesto, me ha dejado sin palabras, la verdad. Hijo de puta, aprovechó seguro el minuto en el que le tomé el pedido a los de la mesa 14. Por tan poco monto, la verdad, mancharse de esa manera y arriesgarse a que lo pesquen. ¡Qué tiempos, boludo, qué tiempos!. Ya no podés confiar en nadie. Como siempre digo: que le sirva para medicamentos, ¡la que lo parió!

--Yo quiero pagar mi cuenta—grité, al borde de un colapso, lleno de estupor y vergüenza.

Nadie me miró.
Ni me escuchó.

Me levanté y salí de la confitería.

Afuera se había levantado viento y la temperatura se sentía fría.

Me levanté el cuello del saco y me puse a caminar.

Ningún taxi me pararía, por razones obvias. Podría, eso sí, tomar un colectivo, total nadie me vería subir ni bajar, pero me dieron ganas de caminar.

Sabía que en diez minutos o un poco más, sería visible, nuevamente.

O quizás no.

¿Quién podía asegurarlo?.

Busqué con la mirada una de las acacias del parque
A ella me dirigí…uno nunca sabe.


(*) El hombre invisible
2008
40 x 40
Papel sobre tabla
Daniel Juárez